Compromís será de izquierdas… y no será…

No se sabe cuántos valencianos desearían contar con un partido nacionalista del estilo del PNV, Coalición Canaria, e incluso, de Nueva Canarias, cuyo único diputado, Pedro Quevedo, se integró en las listas electorales del PSOE, pero se desmarca de la línea táctica de los socialistas cuando de llevar beneficios económicos para Canarias se trata, y pacta con el partido en el Gobierno.

Estas formaciones poseen un sesgo ideológico más o menos definido: o son de centro-derecha, o son de centro-izquierda, aunque su vocación es la de intentar aglutinar al más amplio espectro sociopolítico posible, es decir, su característica principal es que son formaciones políticas transversales, de manera que sus afiliados y simpatizantes pertenecen a distintas capas sociales que tienen como meta preservar el sentimiento de pertenencia a una comunidad cultural, política e histórica y, por lo tanto, defender -y pactar- los intereses sociales y económicos de la misma en el camino de lograr el progreso y la prosperidad de su gente.

También es cierto que, unos partidos más que otros, tienden a mirarse el ombligo y solo buscan el beneficio propio olvidando frecuentemente los factores de solidaridad y equidad, tan necesarios para alcanzar el equilibrio económico entre las comunidades que integran el Estado, en el contexto de una lucha global para reducir las desigualdades que se plantean en nuestro mundo. Mas, un nacionalismo bien temperado no tendría porqué estar reñido con la búsqueda de la solidaridad entre las demás naciones y pueblos que habitan el planeta Tierra. El nacionalismo, o el patriotismo, supone la toma de consciencia de determinados seres humanos de estar en el mundo, un mundo concreto que se construye a partir del territorio dónde uno ha nacido o en el que se ha integrado.

Compromís podría ser esa fuera nacionalista que necesita, como nadie, el pueblo valenciano, pues éste viene sufriendo histórica y sistemáticamente la marginación del Estado, lo que se manifiesta en los siguientes frentes:

  • Un sistema de financiación injusto donde la Comunidad Valenciana es pagana, a pesar de ser pobre.
  • Los obstáculos para las inversiones estatales en infraestructuras valencianas, así como la puesta a punto del Corredor Mediterráneo, tan importante para el impulso de la economía valenciana, mediterránea, española y europea.
  • La desaparición del sistema financiero valenciano (Bancaja, CAM, Banco de Valencia …).
  • La falta de una política estatal en materia hídrica que facilite la llegada de ese recurso fundamental para el campo valenciano.
  • Las consecuencias negativa del “brexit” que planean sobre nuestras exportaciones, el sector turístico y el fenómeno residencial de británicos en el territorio valenciano.
  • El cierre de RTVV, lo que hace a la valenciana como la única con lengua propia (y sin ella) que no dispone de su medio de comunicación autonómico, y la ausencia de los profesionales valencianos del sector a los medios de comunicación de ámbito estatal .
  • La dificultad en la recuperación (actualizada) del Derecho Civil Foral que, según parece, haría necesaria la derogación de los Decretos de Nueva Planta

Además, dado el nuevo orden partidario presente en el Estado español instaurado durante la crisis económica, en el que la emergencia de nuevos partidos como Podemos y Ciudadanos provocan el debilitamiento del bipartidismo clásico capitaneado por el PSOE y el PP, y donde se produce el mayor reto planteado al sistema constitucional de 1978, proveniente de las fuerzas independentistas catalanas, Compromís estaría en condiciones de jugar un papel de bisagra en estos ámbitos políticos:

  • Agente mediador entre las posturas soberanistas del nacionalismo catalán (con el que se  comparten afinidades históricas, culturales y lingüísticas) y el posicionamiento centralista del PP, lo que se podría plasmar en la instauración de un sistema de financiación autonómica más justo y en las reformas constitucionales que se consideren necesarias.
  • Bisagra entre el PP y el PSOE, con quien gobierna la Generalitat Valenciana, en el camino de facilitar los acuerdos que hagan posible las reformas antes mencionadas, y abrir esa Segunda Transición que debe dar un nuevo impulso a la democracia española.

Sin embargo, hay que quitarse de la cabeza esta imagen idílica de Compromís que tanto bien podría traer a las tierras valencianas y al resto de España. Compromís es una formación política que aglutina al nacionalismo de izquierda del Bloc -de Enric Morera y Joan Baldoví– y a otras izquierdas con tintes nacionalistas cuya líder más destacada es Mónica Oltra. Todos ellos beben de la tradición y la doctrina instauradas por Joan Fuster, el fundador de esa rara especie de nacionalismo valenciano que ha de ser de izquierdas y catalanista.

Por ello, y a pesar de las vueltas que da la vida, fiel a la doctrina que le insufló el aliento ideológico iniciático, Compromís pugna por constituirse como compañero de viaje y bisagra bien engrasada para facilitar la coordinación y el buen entendimiento entre los movimientos populistas presentes en el escenario político español:

  1. El populismo nato de Podemos, nacido del movimiento de los Indignados del 15-M, como excrecencia política de la crisis económica de 2008, en cuanto a que se encuadra en el sector de la izquierda, aunque en su momento manifestó su vocación de transversalidad.
  2. El populismo soberanista catalán, en tanto movimiento muy apreciado por cualquier catalanista que se precie de ello.

Todos estos movimientos políticos populistas, a los que da su apoyo explícito Compromís, pretenden socavar los cimientos de la democracia española que tanto costó construir, y en cuya definición colaboró decisivamente el nacionalismo catalán. Ahora, estas fuerzas políticas pretenden -en sintonía- disgregar a Cataluña de España, por una parte, y proyectar la secuela de esa República que, al parecer, se encuentra enterrada en las cunetas que dibujan el territorio español.

No, definitivamente, Compromís no será la fuerza nacionalista que necesita  el pueblo valenciano para  salir de su posición sumisa y subalterna que le depara la política estatal. Y no será un factor clave capaz de influir sobre las reformas que precisa el edificio constitucional español, después de 40 años de funcionamiento.

Por ello, la pregunta pertinente podría ser: ¿Quién será… será? (¿Hay alguien ahí?).

 

(Fuente de la fotografía: naiz. El pie dice: “Homs y otros representantes catalanes han recibido diversos apoyos en el Congreso de Madrid”. Entre Homs y Junqueras se encuentra el diputado de Compromís Enric Bataller)

#RescatarPersonas, #RescatarAlPuebloValenciano

#RescatarPersonas

…En lugar de rescatar bancos en apuros, se ha convertido en una más de las numerosas etiquetas ideadas y expandidas por el movimiento que nace con la #Indignación, provocada por los efectos de la crisis en las clases media y baja, tal y como viene siendo habitual, por otra parte, en todas las crisis habidas y por haber en el desarrollo del sistema capitalista. Como alternativa a la reducción de rentas de las personas afectadas por la crisis se etiquetó la misma como #Austericidio y se propuso, sin más, luchar contra él.

Estos eslóganes y etiquetas son pergeñados por el sector político que se aglutina bajo el paraguas ideológico de la #Izquierda, aunque de un tiempo a esta parte el baile que se inicia con el #Derecha_Izquierda haya derivado hacia la #Transversalidad y los pasos a seguir se desplacen de #Arriba_Abajo, #Delante_Detrás o, simplemente, se considera suficiente con permanecer #AlLadodeLaGente, posición desde la que está permitido tanto #DarMiedo a las clases pudientes, como #Seducir a la mayoría de la población.

La caída del Muro de Berlín en 1989 y la desaparición de la Unión Soviética, supusieron poner en entredicho la alternativa marxista al sistema capitalista que representó el extinto Estado soviético. Pero, la crisis de 2008, que algunos economistas han equiparado al crack de 1929, ha generado una marea de indignación que encuentra su origen en el librito de Stephan Hessel y en la denominada #PrimaveraÁrabe que, lejos de establecer la democracia en los países de mayoría musulmana, ha conducido a la fuerte expansión del terrorismo producido y realizado #Dáesh.

Sin embargo, la indignación no deja de ser un estado anímico, un sentimiento (además, negativo), y si a este no se la añade una alternativa racional y viable, cuando la macroeconomía comienza a ir razonablemente bien, esa emoción -efímera- se deshace como un azucarillo en el café. De esta manera, las etiquetas y los eslóganes -por muy ocurrentes que sean- quedan al descubierto como meras tapaderas a la falta de ideas potentes y de praxis capaces de superar las deficiencias del actual sistema socioeconómico, o de finiquitarlo sustituyéndolo por otro. Como las ideas transformadoras o revolucionarias no prenden en una sociedad que, a pesar de las penalidades de la crisis, rechaza la inestabilidad de los conflictos extremos, la disputa política e ideológica queda circunscrita al campo del enfrentamiento formal: preeminencia de la imagen, proyectos partidarios basados en el personalismo, multiplicación de los eslóganes y etiquetas en los medios de comunicación y en las redes sociales…

Por ello, no debe de extrañar que huyendo de las revoluciones virtuales y del caos social imaginario, #LaGente dé su apoyo electoral mayoritario a las fuerzas políticas que le transmiten más seguridad a la hora de optar a una nueva ocupación o de conservar su puesto de trabajo, así como para que no peligre el cobro de sus pensiones, presentes o por venir. Este fenómeno se plasma en España con la renovación de las mayorías -absolutas o relativas- del partido conservador o de derechas: el PP de Mariano Rajoy.

En Grecia, sin embargo, ha sido una formación izquierdista, la Syriza de Alexis Tsipras, la que ha obtenido el favor del electorado. Pero, la pretendida revolución que anunciaba la #LuchadeFrases en mítines, referéndums y proclamas, ha sido escondida debajo de la moqueta institucional y la cosa pública no desborda ni un milímetro el cauce de la economía real. Así, el Gobierno griego ha tenido que acatar las directrices marcadas por la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional, y meter la tijera a las pensiones y los salarios de los funcionarios y trabajadores en general, a la vez que se pone en venta buena parte del Patrimonio Nacional.

#RescatarAlPuebloValenciano

Obtendremos una nueva perspectiva del debate político-ideológico si bajamos del Olimpo y ascendemos, penosamente, por los 207 escalones del Micalet de Valencia. La lucha partidista y los intereses de las Comunidades Autónomas se han concentrado en la investidura de Mariano Rajoy como Presidente del Gobierno de España, primero, y en la aprobación -o no- de los Presupuestos Generales del Estado para el año 2017, después.

Ante la deriva en la búsqueda de liderazgo que puede acabar con el naufragio del PSOE, las fuerzas que se reclaman de izquierda (socialistas incluidos) se desmarcan de la negociación de las cuentas del Estado y dejan expedito el terreno para un posible, aunque complicado pacto entre el PP, Ciudadanos, los nacionalistas canarios y vascos, al que hay que añadir la incógnita que representa el posicionamiento de Nueva Canarias, un partido que suscribió un pacto electoral con el PSOE, pero que se deja querer para acabar convirtiéndose en la estrella del Congreso de los Diputados (y de los medios de comunicación), pues su voto es el que falta para conseguir la mayoría absoluta favorable a la aprobación de los Presupuestos.

Agazapados en sus escaños, los cuatro diputados de Compromís, la fuerza autóctona valenciana, rechazan el papel de formación que puede decidir el signo de las cuentas del Estado, y de acabar con el oprobio continuado que ha padecido el pueblo valenciano, tanto en materia de inversiones estatales como mediante la infame infrafinanciación de la única Comunidad Autónoma cuya renta per cápita es inferior a la media y que, sin embargo, es contributiva según el actual sistema de financiación autonómica. En este sentido, el proyecto de PGE presentado por el Gobierno de Mariano Rajoy es una bofetada a la cara de los valencianos en forma de 119 euros en inversión por persona, que colocan a la Comunidad Valenciana -nuevamente- como La Cenicienta autonómica.

El origen ideológico de Compromís hay que situarlo en el ya histórico eslogan de Joan Fuster, según el cual “el País Valencià serà d’esquerres o no serà“. Ya hemos tratado las dificultades que entraña el posicionamiento de la izquierda ante los retos que plantea un sistema tan globalizado como el capitalista. Si, hoy por hoy, las alternativas socioeconómicas brillan por su ausencia, #RescatarPersonas aquí, en España y desde Valencia, se circunscribe a #RescatarAlPuebloValenciano, y a aquellos pueblos que sufrirán como todos los procesos sistémicos como la deslocalización de empresas y la inmediatez de las comunicaciones, por arriba, y de aquellos otros que, además, serán víctimas propiciatorias de los pactos suscritos, a ras de suelo, entre el Estado y aquellos dirigentes autonómicos que solo miran por sus propios intereses, aunque sea a costa de la insolidaridad con los demás pueblos que, de momento, constituyen España.

Ha llegado la hora de que Compromís elija entre la parálisis y la irrelevancia a las que le conduce una doctrina antigua que no deja de ser un eslogan ocurrente, o convertirse en la formación decisiva para -contribuyendo al establecimiento de un nuevo marco autonómico y constitucional- terminar con el estado de expolio y sumisión en el que se encuentra el pueblo valenciano.

(Fotografía: Grafiti de David de Limón en la calle de Quart, València)

 

 

Mariano nos quiere gobernar

Kagemusha (La sombra del guerrero). Escena final

“Sereno como el bosque, inmóvil como la montaña”, Takeda(o) Ra-joy  es coronado por la Triple Alianza como Líder del Clan de los Hispanos. Seguro de sus posibilidades e imbuido de la fuerza que le dieron las urnas, no ha hecho más que seguir el consejo de un individuo de su estirpe, un tal Cela: “Quien resiste, gana“.  ¡Japó(n)!, ¡chapó!, no pudo dejar de exclamar Baldo-ví.

 

Mariano, empieza a dar  grano

En el discurso de la segunda sesión de investidura, Mariano Rajoy  ha señalado que la batalla no se acaba con su nombramiento como Presidente del Gobierno, sino que ese Gobierno necesita gobernar y, para ello, hay que aprobar leyes fundamentales como la de los Presupuestos del Estado, cosa a la que el portavoz del Grupo Socialista, Antonio Hernando, le ha contestado que “de entrada, no”.

La posición del PSOE se antoja muy complicada, ya que, por una parte, ha facilitado con su abstención mayoritaria y responsable el gobierno del PP, pero también ha de luchar por erigirse en el principal partido de la oposición a Mariano Rajoy. La resolución de este dilema – y de los demás- dependerá de la actitud que adopten los grupos políticos en el Congreso con el objeto de establecer una reforma en profundidad del sistema democrático que nace con la Constitución Española de 1978  -cosa que daría inicio a la denominada  Segunda Transición  hacia un nuevo modelo de Estado-, o que, finalmente, se decanten por fijar unas reformas de menor calado dirigidas a actualizar la legislación laboral, a modificar el modelo educativo, etc.

Tanto en un sentido como en el otro, la aprobación de las normas que han de permitir gobernar al Gobierno, puede basarse en la consecución de pactos con diferentes fuerzas políticas.

El PP ya tiene un pacto con Ciudadanos Coalición Canaria: 170 escaños, cuando la mayoría absoluta está en 176. Si el ‘grano’ de Mariano llega a subir al ‘tractor’ de Aitor (Esteban, del  PNV), el PP puede contar con 175 votos favorables para aprobar normativas beneficiosas para unos y otros. Aún falta 1 escaño

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El ‘tractor’ de nuestro Clan siempre ha ido bien cargado desde Valencia a Madrid. Ilustración: Ortifus, de la portada del libro El finançament valencià, de Vicent Cucarella, Ed. Bromera

Y Compromís tiene 4 diputados … Sin embargo, nadie ha mirado hacia las tierras valencianas para buscar alguna alternativa favorable a la gobernabilidad del Estado, y  los diputados de Compromís no se siente concernidos. ¿Por qué? La respuesta está en el viento de la Historia: el nacionalismo valenciano se ha configurado como una fuerza de izquierda, siguiendo la consigna ideológica de  Joan Fuster.  Como en la fábula de la rana y el escorpión, este pica a la rana generosa porque, según él: “no he tenido elección, es mi naturaleza“. Y a Compromís siempre le  sale rana  el PP… por la derecha .

No obstante, la gravedad de los problemas que sufre la sociedad valenciana, deberían hacer reflexionar al conjunto del valencianismo político sobre la conveniencia de poner en duda alguno de los dogmas inamovibles y de poner al día su ideario político, al objeto de permitir que suban al ‘tractor’ que va de Madrid a Valencia las soluciones a los problemas que afectan al conjunto del pueblo valenciano:

  • Un sistema de financiación injusto donde la Comunidad Valenciana es  pagana, a pesar de ser  pobre (la renta per cápita es inferior a la media española).
  • El cierre de RTVV, lo que hace a la valenciana como la única con lengua propia (y sin ella) que no dispone de su medio de comunicación autonómico.
  • Los obstáculos para las inversiones estatales en infraestructuras valencianas, así como la puesta a punto del Corredor Mediterráneo, tan importante para el impulso de la economía valenciana, mediterránea, española y europea.
  • La falta de una política estatal en materia hídrica que facilite la llegada de ese recurso fundamental para el campo valenciano.
  • Las previsibles consecuencias nefastas del “brexit” que planean sobre nuestras exportaciones, el sector turístico y el fenómeno residencial de británicos en el territorio valenciano.

Alguien le propuso a Joan Baldoví (portavoz de Compromís) un   juego de sobres  en el debate de la segunda sesión de investidura, que no se sabía bien si discurría entre la magia, la entrega de premios de los Oscars de Hollywood  y la denuncia de la corrupción del PP. Con ello consumió su escaso tiempo de intervención. En cambio, Ana Oramas  (Coalición Canaria), compañera de escaño de Baldoví dispuso del mismo tiempo y  fue al grano: explicó su posición responsable y exigente a la vez; puso en su sitio al joven  rufián  independentista y  faltón; y dejó bien claro que sus esfuerzos irán dirigidos, fundamentalmente, hacia la defensa de los intereses del pueblo canario.
Dicen que los periodos de crisis son momentos de oportunidades y de renovación. En esta etapa en la que imperan las debilidades de todos los partidos políticos presentes en las instituciones del Estado, puede surgir la fuerza capaz de generar un sistema constitucional más justo y democrático.

También puede suceder que una fuerza valencianista llamada a ser decisiva, quede circunscrita a representar un papel insignificante en la política española,  con la consecuencia de dejar desatendidos los problemas que atenazan al pueblo valenciano.

Canarias  (Oramas): tan cerca… tan lejos.

 

(Foto de la cabecera: Fotograma de la película Kagemusha, de Akira Kurosawa, 1980)

La (im)possibilitat d’un Govern (d’Espanya) a la valenciana

Temps era temps… hi havia una coalició política catalana (CiU) hegemònica al seu territori i que facilitava la formació de governs espanyols, ara del PSOE, després del PP… Amb això, s’oferia estabilitat al sistema constitucional, alhora que s’aconseguien importants avantatges econòmics i de recepció de recursos per a Catalunya.

Ara, això s’ha acabat. Dins d’una legislatura on el PP va obtindre la majoria absoluta, el procés sobiranista mamprés per bona part de la societat civil catalana i que vullgué capitanejar l’Astut Artur Mas, ha trencat qualsevol possibilitat de col·laboració amb el govern del PP de Mariano Rajoy, i porta a la societat catalana cap a un carreró de difícil eixida, tot provocat per una postura maximalista que genera un gran conflicte a l’Estat Espanyol i dividix als catalans.

Les eleccions del 26-J han reiterat l’existència d’un nou marc parlamentari, on el bipartidisme imperfecte d’adés (PP, PSOE, i d’altres forces minoritàries) ha donat pas a una mena de tetrapartidisme asimètric i cojonero (PP-PSOE, més Unidos-Podemos i Ciudadanos), i es fa palés l’aïllament que pateix el partit més votat en els dos últims comicis electorals. L'(ex)secretari general del PSOE Pedro Sánchez s’havia mantingut ferm en el “NO es NO” per a  facilitar el govern de Rajoy formant part d’un govern de coalició, o amb la seua abstenció, al temps que emplaçava al PP a buscar el suport dels seus afins ideològics (tal vegada esta afinitat s’atribuïa a Ciudadanos, partit amb el qual el PSOE va subscriure un acord d’investidura i de govern?, o es tractava del PNB, amb qui els socialistes han col·laborat  a dojo en els governs bascos?).

L’útima guerra de Ferraz dins del Comité Federal ha tingut com a conseqüència l’abstenció dels socialistes al Congrés, per a fer possible el govern de Rajoy i evitar les terceres eleccions. Però una cosa és la investidura del President del Govern d’Espanya i una altra la governabilitat: caldrà aprovar pressupostos, lleis fonamentals, tal vegada, la reforma constitucional… O no, que diu El Gallego. El PP ja té un pacte amb Ciudadanos i Coalición Canaria: 170 escons, quan la majoria absoluta està en 176. Com el ‘grano’ de Mariano ha pujat al ‘tractor’ d’Aitor (PNB), el PP ha pogut comptar amb 175 vots favorables per a aprovar normatives beneficioses per a uns i d’altres. Encara en faltava 1 escó… que va ser entregat pel diputat de Nueva Canarias Pedro Quevedo, a canvi d’altres bons guanys per al poble canari.

Tot i que Compromís té 4 diputats, ningú no ha mirat cap a les terres valencianes per a cercar alguna alternativa favorable a la governabilitat de l’Estat. Per què? Tots han pactat amb tots: Ciudadanos, CC i NC, per a intentar la investidura de Pedro Sánchez. Fins i tot, el PSOE de Zapatero (i del Pacte del Tinell, que establia una línia roja al voltant del PP), va pactar la reforma de l’art. 135 de la Constitució, i el PP va fer lehendakari a Patxi López. El mateix Pedro Sánchez va arribat a acords amb el PP en matèria de lluita antiterrorista i d’altres temes d’Estat

Tots pacten amb tots, tret de Compromís que només pot pactar amb el PSOE (facció Pedro Sánchez) i d’altres forces d’esquerra (l’unica excepció la trobem a les Corts Valencianes amb l’acord unànim de totes les forces parlamentàries a la recerca d’un sistema de finançament just). Per què? La resposta està en el vent de la Història: el nacionalisme valencià s’ha configurat com una força d’esquerra, tot seguint la consigna ideològica de Joan Fuster segons la qual “el País Valencià, serà d’esquerres o no serà” (encara que n’afegia que “és més de dretes que la mare que l’ha parit”).

Per tant, l’estrategia de pactes del nacionalisme valencià l’ha dut a establir coalicions electorals, en primer lloc, amb Esquerra Unida (per a donar la Presidència de la Generalitat a Joan Lerma), i a hores d’ara, amb Podemos (per a donar eixa Presidència a Ximo Puig, i intentar fer President del Govern Espanyol a Pedro Sánchez). Tot dins d’una posició de fort enfrontament amb el PP, sobretot amb la denúncia de pressumptes casos de corrupció a València, la qual cosa ha valgut a la lideresa de Compromís, Mónica Oltra, una important presència mediàtica a les cadenes de televisió d’AtresMedia i Mediaset.

No obstant, la gravetat dels problemes que patix la societat valenciana, haurien de fer reflexionar al conjunt del valencianisme polític sobre la convinença de posar en dubte algun dels dogmes inamobibles i de posar al dia el seu ideari polític:

  • Un sistema de finançament injust on la Comunitat Valenciana és pagana, a pesar de ser pobra (la renda per càpita és inferior a la mitjana espanyola).
  • El tancament d’RTVV, cosa que fa a la valenciana com la única amb llengua pròpia (i sense ella) que no disposa del seu mitjà de comunicació autonòmic.
  • Els entrebancs per a les inversions estatals en infraestructures valencianes, així com l’enllestiment del Corredor Mediterrani, tan important per a l’impuls de l’economia valenciana, mediterrània, espanyola i europea.
  • La manca d’una política estatal en matèria hídrica que facilite l’arribada d’eixe recurs fonamental per al camp valencià.
  • Les conseqüències dolentes del “brexit” que planegen sobre les nostres exportacions, el sector turístic i el fenòmen residencial de britànics al territori valencià.
  • La impossible recuperació (i actualització) del Dret Civil Foral, atesa la vigència dels Decrets de Nova Planta…

Diuen que els periodes de crisis són moments d’oportunitats i de renovació. Precisament, en esta etapa tan complicada en els àmbits valencià, espanyol, europeu i mundial, el nacionalisme valencià podria haver donat un pas fonamental en la seua marxa cap a assolir l’hegemonia política a la Comunitat Valenciana, i jugar un paper decisiu en la política espanyola dins dels eixos següents:

A) El nacionalisme valencià com a agent mediador entre les postures sobiranistes del nacionalisme català (amb qui compartim àmbit lingüístic) i el posicionament centralista del PP, cosa que es podria plasmar en estes reformes:

  • Del sistema de finançament autonòmic, per a evitar disfuncionalitat i injusticies.
  • De la Constitució Espanyola, per a possibilitar un Estat més democràtic i funcional (en lluita contra la corrupció), així com donar resposta a les reivindicacions catalanistes [en faig una proposta a l’entrada #JuntspelSeny en la Cataluña Media (y en España entera) http://wp.me/p5yGMp-3P ].

B) El valencianisme polític com a frontissa entre el PP i el PSOE, amb qui governa la Generalitat Valenciana, en el camí de facilitar els acords que facen possible les reformes abans esmentades, i obrir eixa Segona Transició que ha de donar un nou impuls a la democràcia espanyola.

Considere que una força política que s’anomena nacionalista ha de donar satisfacció a les necessitats del seu poble, per damunt d’algunes qüestions ideològiques (maximalistes, per definició). Evidentment, l’ombra de Fuster és molt llarga i sempre ha suposat un entrebanc insalvable, perquè el moviment polític valencianista tinga com a prioritat absoluta la defensa de la identitat i dels interessos econòmics, socials i culturals del poble valencià.

Al remat, hom continua entonant “el País Valencià serà d’esquerres o no serà” (forever and ever)… i se’m cauen els parèntesis.