Compromís será de izquierdas… y no será…

No se sabe cuántos valencianos desearían contar con un partido nacionalista del estilo del PNV, Coalición Canaria, e incluso, de Nueva Canarias, cuyo único diputado, Pedro Quevedo, se integró en las listas electorales del PSOE, pero se desmarca de la línea táctica de los socialistas cuando de llevar beneficios económicos para Canarias se trata, y pacta con el partido en el Gobierno.

Estas formaciones poseen un sesgo ideológico más o menos definido: o son de centro-derecha, o son de centro-izquierda, aunque su vocación es la de intentar aglutinar al más amplio espectro sociopolítico posible, es decir, su característica principal es que son formaciones políticas transversales, de manera que sus afiliados y simpatizantes pertenecen a distintas capas sociales que tienen como meta preservar el sentimiento de pertenencia a una comunidad cultural, política e histórica y, por lo tanto, defender -y pactar- los intereses sociales y económicos de la misma en el camino de lograr el progreso y la prosperidad de su gente.

También es cierto que, unos partidos más que otros, tienden a mirarse el ombligo y solo buscan el beneficio propio olvidando frecuentemente los factores de solidaridad y equidad, tan necesarios para alcanzar el equilibrio económico entre las comunidades que integran el Estado, en el contexto de una lucha global para reducir las desigualdades que se plantean en nuestro mundo. Mas, un nacionalismo bien temperado no tendría porqué estar reñido con la búsqueda de la solidaridad entre las demás naciones y pueblos que habitan el planeta Tierra. El nacionalismo, o el patriotismo, supone la toma de consciencia de determinados seres humanos de estar en el mundo, un mundo concreto que se construye a partir del territorio dónde uno ha nacido o en el que se ha integrado.

Compromís podría ser esa fuera nacionalista que necesita, como nadie, el pueblo valenciano, pues éste viene sufriendo histórica y sistemáticamente la marginación del Estado, lo que se manifiesta en los siguientes frentes:

  • Un sistema de financiación injusto donde la Comunidad Valenciana es pagana, a pesar de ser pobre.
  • Los obstáculos para las inversiones estatales en infraestructuras valencianas, así como la puesta a punto del Corredor Mediterráneo, tan importante para el impulso de la economía valenciana, mediterránea, española y europea.
  • La desaparición del sistema financiero valenciano (Bancaja, CAM, Banco de Valencia …).
  • La falta de una política estatal en materia hídrica que facilite la llegada de ese recurso fundamental para el campo valenciano.
  • Las consecuencias negativa del “brexit” que planean sobre nuestras exportaciones, el sector turístico y el fenómeno residencial de británicos en el territorio valenciano.
  • El cierre de RTVV, lo que hace a la valenciana como la única con lengua propia (y sin ella) que no dispone de su medio de comunicación autonómico, y la ausencia de los profesionales valencianos del sector a los medios de comunicación de ámbito estatal .
  • La dificultad en la recuperación (actualizada) del Derecho Civil Foral que, según parece, haría necesaria la derogación de los Decretos de Nueva Planta

Además, dado el nuevo orden partidario presente en el Estado español instaurado durante la crisis económica, en el que la emergencia de nuevos partidos como Podemos y Ciudadanos provocan el debilitamiento del bipartidismo clásico capitaneado por el PSOE y el PP, y donde se produce el mayor reto planteado al sistema constitucional de 1978, proveniente de las fuerzas independentistas catalanas, Compromís estaría en condiciones de jugar un papel de bisagra en estos ámbitos políticos:

  • Agente mediador entre las posturas soberanistas del nacionalismo catalán (con el que se  comparten afinidades históricas, culturales y lingüísticas) y el posicionamiento centralista del PP, lo que se podría plasmar en la instauración de un sistema de financiación autonómica más justo y en las reformas constitucionales que se consideren necesarias.
  • Bisagra entre el PP y el PSOE, con quien gobierna la Generalitat Valenciana, en el camino de facilitar los acuerdos que hagan posible las reformas antes mencionadas, y abrir esa Segunda Transición que debe dar un nuevo impulso a la democracia española.

Sin embargo, hay que quitarse de la cabeza esta imagen idílica de Compromís que tanto bien podría traer a las tierras valencianas y al resto de España. Compromís es una formación política que aglutina al nacionalismo de izquierda del Bloc -de Enric Morera y Joan Baldoví– y a otras izquierdas con tintes nacionalistas cuya líder más destacada es Mónica Oltra. Todos ellos beben de la tradición y la doctrina instauradas por Joan Fuster, el fundador de esa rara especie de nacionalismo valenciano que ha de ser de izquierdas y catalanista.

Por ello, y a pesar de las vueltas que da la vida, fiel a la doctrina que le insufló el aliento ideológico iniciático, Compromís pugna por constituirse como compañero de viaje y bisagra bien engrasada para facilitar la coordinación y el buen entendimiento entre los movimientos populistas presentes en el escenario político español:

  1. El populismo nato de Podemos, nacido del movimiento de los Indignados del 15-M, como excrecencia política de la crisis económica de 2008, en cuanto a que se encuadra en el sector de la izquierda, aunque en su momento manifestó su vocación de transversalidad.
  2. El populismo soberanista catalán, en tanto movimiento muy apreciado por cualquier catalanista que se precie de ello.

Todos estos movimientos políticos populistas, a los que da su apoyo explícito Compromís, pretenden socavar los cimientos de la democracia española que tanto costó construir, y en cuya definición colaboró decisivamente el nacionalismo catalán. Ahora, estas fuerzas políticas pretenden -en sintonía- disgregar a Cataluña de España, por una parte, y proyectar la secuela de esa República que, al parecer, se encuentra enterrada en las cunetas que dibujan el territorio español.

No, definitivamente, Compromís no será la fuerza nacionalista que necesita  el pueblo valenciano para  salir de su posición sumisa y subalterna que le depara la política estatal. Y no será un factor clave capaz de influir sobre las reformas que precisa el edificio constitucional español, después de 40 años de funcionamiento.

Por ello, la pregunta pertinente podría ser: ¿Quién será… será? (¿Hay alguien ahí?).

 

(Fuente de la fotografía: naiz. El pie dice: “Homs y otros representantes catalanes han recibido diversos apoyos en el Congreso de Madrid”. Entre Homs y Junqueras se encuentra el diputado de Compromís Enric Bataller)

L’ensenya de l’orgull valencià

20141009_011144
Molt a sovint, les persones, les col·lectivitats i els pobles prenen com a símbols que els identifiquen, personatges, mites, fets i dates que, dins del relat de la seua història, han suposat fenòmens entesos com a dolents per al seu benestar i progrés.
Els valencians, commemorem el 25 d’abril de 1707, data de la derrota patida en la Batalla d’Almansa, a partir de la qual vàrem perdre els nostres furs, amb la implantació dels Decrets de Nova Planta, pel Rei Borbó Felip V, així com el poble català celebra (amb molta més repercusió mediàtica i conseqüències polítiques) l’11 de setembre de 1714.
D’estos fracasos col·lectius hom trau reflexions sobre les seues causes, una presa de consciència en el present d’un passat que el condiciona, a més de la força capaç de superar les errades anteriors per a projectar els anhels col·lectius en el futur.
En este sentit, hem d’entendre el tancament de Radiotelevisió Valenciana (Canal/Ràdio 9), com el símbol d’un estat de coses molt perniciós per al devenir del poble valencià. Que l’únic mitjà de comunicació públic pertanyent a una Comunitat Autònoma que es tanca a Espanya (i, a més, amb llengua pròpia), haja sigut el valencià, no pot justificar-se pel greu problema del dèficit: algunes de les altres televisions autonòmiques tenen dèficits semblants o, fins i tot, superiors, i no han sigut tancades (TeleMadrid inclosa: com si no hi hagueren prou teles-de-Madrid!).
No. El tancament d’RTVV cal emmarcar-lo dins del terreny de joc polític on ha hagut de jugar el nostre poble i les seues institucions: Injust (per deficient) finançament, oblit estatal a l’hora de d’invertir en infraestructures, manca de consideració dels poders centrals/istes al pes socioeconòmic de la nostra comunitat dins de l’Estat, si més no, quant a aportació econòmica a les arques estatals i, (in)directament, al fons solidari creat a benefici de les comunitats “més pobres”.
Tots sabem que, si som mínimament intel·ligents, hem d’aprendre de les errades passades (de les pròpies i les alienes). Per això, la desfeta col·lectiva de Canal 9/Ràdio 9 ens indica que (com a poble) hem tocat fons, que més baix no hi podem caure, que cal prendre consciència d’esta situació tan dolenta, per a alçar-nos i poder mirar el futur amb esperança.
I, quin millor símbol d’este sentiment de derrota, que ens ha de portar envers l’esperança, que la graella del final de les emissions de Canal 9: del fos a negre, a la graella multicolor i, d’ençà, cap a la visibilitat d’un poble viu, orgullós de la seua identitat i ple de confiança en un futur millor.