Lobos vestidos de pura lana virgen

En su línea de profundización del victimismo más radical e inconsistente, Carles Puigdemont ha querido trazar un paralelismo entre la persistencia de una sociedad que padeció los ataques brutales de la banda terrorista ETA, con la persistencia que han de mantener los protagonistas del procés hacia la independencia de Cataluña, al objeto de vencer a un Estado que José/Pep Guardiola -embajador deportivo ante el Estado teocrático, islamista i represor de Qatar– tildó de “autoritario”.

El nacionalismo catalán tuvo un esporádico fenómeno terrorista encarnado en la organización Terra LLiure, pero su hoja de ruta soberanista ha seguido la senda pacífica en lo estratégico y lo táctico. Al contrario, el nacionalismo vasco ha estado marcado por la terrible presencia de ETA, cuyos objetivos eran conseguir una Euskal Herria “independiente, socialista y euskaldun“, mediante la utilización de la vía armada, es decir, llevando a cabo asesinatos execrables contra miembros de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, políticos, periodistas y gente del pueblo, como las víctimas de Hipercor en Barcelona, hace ahora 30 años.

En ese sentido, el PNV utilizó la actividad de ETA y la posible solución al conflicto vasco como asunto a incluir en cualquier mesa de negociación con el Estado, a fin de obtener mayores cotas de autogobierno y mejoras socioeconómicas para Euskadi (“para que dejen de matar”). Durante esa larga etapa, el terrorismo (cuya esencia reside en atemorizar al pueblo enemigo a través de los actos de terror que, a su vez, tienen una gran repercusión en todos los medios de comunicación) y la cuestión vasca hegemonizaron las portadas de los periódicos y los noticiarios de la televisión, hasta el fracaso del denominado Plan Ibarretxe y la derrota (aún no declarada) de ETA.

Con la puesta en marcha del procés el independentismo catalán se ha asegurado aquello que pretendía ETA: conquistar el espacio mediático e imponer la hoja de ruta de sus afanes separatistas que, de una u otra forma, con la independencia o sin ella, ha de beneficiar su posicionamiento político:

  • 4.200 millones de euros que fluyen desde el Estado para inversiones en Cataluña.
  • Apertura del palacete utilizado como segunda vivienda en Cataluña de la vicepresidenta del Gobierno Soraya Sáenz de Santamaría.
  • “Cataluña” hasta en la sopa mediática de la televisión pública española.

Y el asunto va para largo, pues aunque no se logre la independencia, la cuestión catalana estará encima de la mesa de los asuntos fundamentales para el Estado, agotará el papel de los periódicos, pixelará las pantallas de las televisiones y, por lo tanto, invadirá cotidianamente los cerebros de los españoles todos.

En su afán de hacerse fuerte en su posición victimista, Carles Puigdemont ha pretendido utilizar el 30 aniversario de la masacre terrorista de Hipercor para intentar colocarse en el lugar de las víctimas de la barbarie, en este caso, la imputada a un “Estado autoritario” que, como tal, “ejerce la violencia contra el pueblo catalán”. Sin embargo, esta torpe pirueta metafórica no puede ocultar que es el movimiento independentista catalán quien se ha colocado fuera del sistema democrático al colocarse fuera de la Ley.

Una Ley en cuya elaboración colaboró decisivamente el catalanismo político y que fue votada muy mayoritariamente por el pueblo catalán, ahora secuestrado por una mayoría absoluta de las fuerzas soberanistas en el Parlament de Catalunya, minoritaria respecto del número de votos conseguidos por los partidos no independentistas en las elecciones autonómicas del 27-S de 2015. Con esta mayoría, inferior a los 2/3 que se requieren para modificar el Estatuto de Autonomía, Junts pel Sí amenaza con constituir la República Catalana Independiente de su Casa (en primer término, de la Cataluña Media que no es independentista) y así extorsionar al Estado para conseguir píngües beneficios socioeconómicos para su territorio, aparte de convertir la interminable teleserie de Pasión de Catalanes, en un auténtico film de terror.

Una Ley que, precisamente, tiene como garantes últimos de su eficacia democrática a los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, quienes junto con los políticos, los periodistas y el pueblo llano, fueron víctimas de los crímenes perpetrados por la banda terrorista ETA y que, mediante la persistencia durante largos y sangrientos años, han conseguido preservar el imperio de esa Ley en Democracia.

Puigdemont se pone la piel de cordero degollao para intentar confundir al personal y, con ello, perseguir el triunfo de su golpe (más de lengua que de mano, todo hay que decirlo) contra el Estado Social y Democrático de Derecho que es España, el cual, con la ayuda inestimable del pueblo español, persistió y venció a las fuerzas que intentaron su desaparición.

Contra estos gigantes (o molinos) se ha de volver a estrellar la soberbia soberanista.

(Fuente de la fotografía: LaRazón.es)

 

 

 

 

 

Entre el ‘Brexit’ y el ‘Catalout’: VLCenicienta.es

Tanto en la vida privada como en la pública, es muy importante la posición que toma una persona o un colectivo dentro del ámbito social o político, allí donde se desarrollan las actividades de los individuos y de los pueblos. Muchas veces, el lugar preeminente se gana a base de codazos y patadas, mentiras, medias mentiras, insinuaciones y, últimamente, con la convocatoria de referendos.
Esto viene a cuento de los procesos secesionistas que se están produciendo en los ámbitos europeo (Brexit) y español (Catalout). Ambos muestran ciertos paralelismos por lo que respecta a la causas de su puesta en marcha:

  • Se trata de entidades políticas ricas que, curiosamente, representan el 20% del PIB de sus respectivos marcos institucionales.
  • Por ello, ambas aportan financiación a las superestructuras donde se insertan.
  • Como consecuencia de la crisis económica han visto recortados sus recursos, lo que les conduce a poner en cuestión su posición solidaria de contribuyentes netos.
  • Fuerzas políticas populistas y nacionalistas protagonizan el crecimiento  de las tendencias centrífugas.

Estos potentes movimientos soberanistas provocan fuertes repercusiones en el conjunto de la Unión Europea y del Estado español y, especialmente, en la Comunitat Valenciana. He aquí algunos argumentos:

  1. Si Cataluña continúa dentro de España, lo hará de una forma más favorable a sus intereses comunitarios. Por ello, es muy probable que su mejoramiento financiero y de recaudación de recursos comunitarios, corra a cargo de los bolsillos de los ciudadanos españoles y valencianos, en una proporción mayor que la actual. Antes de celebrar el referèndum del BrexitCameron de la Isla ya consiguió una posición más beneficiosa dentro de la UE. Nadie duda de que si -como es lógico- Cataluña permanece en España, su gobierno utilizará el importante número de catalanes favorables al Catalout para negociar recursos desde una posición de fuerza, con el objeto de no alimentar a la bestia secesionista.
  2. Por contra, si mediante el procés virtual, Cataluña lograra alcanzar la independencia, dejaría de contribuir al mantenimiento de las llamadas autonomías pobres: Andalucía, Extremadura

Tanto en un escenario, como en el otro, los valencianos tenemos todos los números para salir perjudicados:

  • Con un Reino Unido extracomunitario, y la devaluación de la libra esterlina, se resentirá el turismo británico en la Comunitat Valenciana, así como la exportación de productos valencianos a UK, además de verse afectados los posibles fondos europeos con destino a nuestro territorio.
  • Con una hipotética Cataluña independiente, la Comunitat Valenciana profundizaría en su papel de Cenicienta de España: A pesar de tener un PIB inferior a la media, contribuiríamos a las arcas estatales de una manera más intensa a la realizada hasta ahora (vid. El Informe sobre las balanzas fiscales, entre otros).

Y, centrándonos en el maremágnum español ¿cuál es el lugar que ocupamos los valencianos en el auténtico Juego de Tronos, en la lucha por el poder y el reparto de recursos públicos?

Es evidente que nos encontramos en medio de dos (im)posturas políticas bien arraigadas: la de los líderes autonómicos que, con una mano, reciben los beneficios de nuestra solidaridad y, con la otra, nos niegan un aflojamiento del objetivo del déficit, y la de las autoridades catalanas impulsoras del procés que quieren abandonar su posición solidaria, y lo hacen patente tomando las de Villadiego, en una aventura que, a buen seguro, les debe reportar ganancias económicas y comunitarias (más autonomía, mejor financiación …): El presidente Mariano Rajoy ya ha hablado con el Molt Honorable Carles Puigdemont y acaba de comprometer 4.200 millones de euros en inversiones para realizar infraestructuras en Cataluña; el PSOE hace tiempo que apuesta por un Estado federal, asimétrico, es decir, un status quo favorable a las expectativas de los catalanes; por no hablar del reconocimiento del derecho a decidir que Podemos y sus confluencias otorgan al pueblo catalán.

A pesar de todo, el posicionamiento político del pueblo valenciano podría influir positívamente en una reestructuración equilibrada de la España constitucional.
El pueblo valenciano, por historia, cultura, potencial económico y posición geográfica (también por tener una lengua propia y compartida), podría representar un papel líder en la nueva etapa que se abre en el panorama político español. Entre Madrid y Barcelona, Valencia posee la virtualidad para actuar como centro mediador, moderador.
Sin embargo, no podemos ser demasiado optimistas en la capacidad de liderazgo de nuestra Comunidad, dada la preeminencia de la política partidista por encima de los intereses generales.

Por ello, los valencianos tenemos que ser conscientes de que, hoy por hoy, ocupamos uno de los espacios inferiores, dentro del gallinero español. Y en esta posición subordinada, somos receptores de buena parte de la entropía que genera el sistema en los ámbitos superiores. Esta inmundicia que nos cae encima, añadida a la autogenerada por nosotros, nos hace invisibles, casi inexistentes, para el resto de España (y más, después del traumático cierre de RTVV).
Si queremos salir a flote, los valencianos tendremos que educar nuestra mirada para conseguir una visión propia, con la que interpretar la realidad (local y global) que nos rodea.

Ratman’s Gallery (V)

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(Francisco Poveda Blanco, Catedrático de Economía, Levante-EMV, 8-2-15)

“Ambas estancias [Montoro y Rajoy] podrían calificarse como versiones actualizadas del ‘Bienvenido mister Marshall‘. Quizá peor, porque aunque no pasaron de largo, se detuvieron entre nosotros y nos dieron la razón, como a los tontos, siguen negándonos el pan y el agua y consintiendo que la porción de la tarta nacional que no recibimos, al menos desde 2005, vaya a otras comunidades”.

“Los que se creían realistas confiaron en que salvaría la situación ofreciendo compensaciones y hasta los menos esperanzados pensaron en que, al menos, para acallar su mala conciencia y por razones electorales, daría alguna solución inmediata y parcial al estado de inequidad en la financiación al que someten a esta Comunitat, que recibe, según los estudios más moderados, alrededor de 4.150 millones menos cada año de lo que debiera corresponderle para atender las necesidades sanitarias, educativas y sociales”.

“Nada han procurado: ni más dinero, pese a la injusta distribución que hacen, ni como corrección a la malhadada fórmula de reparto; ni a modo de trasvase de excedentes, ni la condonación de deuda por la Copa América [Vid. VLC terra Ni-Ni http://wp.me/p4n4JW-7u ], como sí se hizo con todas las grandes capitales por grandes inversiones, como es el caso de Barcelona, Madrid, Bilbao, Sevilla…”

“Esta Comunitat no pide nada insólito, ni requiere prebendas y privilegios, ni exige ayudas extrañas. Se limita a reclamar lo que es suyo, lo que le corresponde, un trato equitativo, una participación en el contexto nacional acorde con su condición de partícipe, con su esfuerzo fiscal, con su capacidad productiva, con su valor añadido. Y para exigirlo no es necesario servirse de medios o razones ambiguas o inconsistentes, sino de realidades: su nivel de población, su aportación al PIB, su esfuerzo fiscal, sus servicios a residentes de otras comunidades desplazados, sus deficiencias hidrográficas, su insuficiencia de buenas infraestructuras, etc. Es mayor si cabe el maltrato, del que sí se quejó Vicente Boluda [Vid. Ratman’s Gallery (IV) http://wp.me/p4n4JW-9o ], por los empresarios, porque a todo ello ha de añadirse que esta Comunitat es una de las cuatro que entregan más de lo que reciben; es decir, es solidaria; la más solidaria, lo que es absolutamente incomprensible y denunciable, porque es la única, entre ellas, que es contribuyente neta, ya que se la obliga a desprenderse de lo que le correspondería pese a que tiene una renta per cápita inferior a la media nacional. Este hecho es sabido por todos los gobernantes, los economistas, los expertos hacendistas que han elaborado estudios sobre balanzas fiscales regionales en nuestro país. Y se muestra como incomprensible paradoja en el informe que el ministro Montoro encargó al experto Ángel Lafuente [Vid. Va-lanza contra València http://wp.me/p4n4JW-5D ], y que este ha confesado sin ambages y se ha aireado en todos los medios de comunicación”.

“Hay otras vías de corregir la inequidad y una de ellas es el capítulo inversor [aquí disentiría el Doctor en Economía Manuel López Estornell, vid. Ratman’s Gallery (III) http://wp.me/p4n4JW-5S ], en el que también se nos desprecia al darnos simples migajas . Ante tamaña desconsideración, y ante su tardía presencia, deberían haber reclamado con dureza nuestros políticos en vez de regalarles sus sonrisas, y deberían estar a diario el Gobierno valenciano, la oposición y todas instituciones aporreando las puertas de la Moncloa, del Ministerio de Hacienda, del de Economía y de los titulares de las demás carteras exigiendo justicia distributiva, sabiendo que esta región es un campo productivo a la inversión, con retorno asegurado, que lo que se pide se ha prometido, y que muchas de las promesas que se nos han hecho, entre ellas la recuperación del Plan Hidrológico, se han empleado como estandarte para el logro de votos en las elecciones, para después abandonarlas, sin importar nuestra sequía mientras para otras regiones las inundaciones arrasan” [ya vamos por el tercer episodio y, por cierto, el mejillón cebra campa a sus anchas, sin trasvase].

“¡Qué paradoja!, mientras Cataluña se ha desgañitado sin razón, proclamando ‘España nos roba‘, los verdaderos damnificados, los valencianos, permanecen en el mayor de los silencios”. [Tal vez, ¿porque somos más muelles?]

#VLCterraNiNi

Ni finançament ajustat al nostre PIB i als servicis necessaris, ni inversió estatal que atenga el nostre benestar.

Ni transvasament d’aigües de l’Ebre, ni desaladores (i ací no plou, i el camp valencià es mor de set, i el cabal del riu Xúquer no arriba al nivell ecològic…).

Ni ràdio, ni televisió públiques en valencià (instruments vertebradors del nostre poble i potenciadors del sector audiovisual valencià).

Ni ministres valencians.

Ni Dret Civil Foral (som l’únic territori de la Corona d’Aragó que no el vàrem recuperar).

Ni Fòrmula 1, ni Parc Ferrari (quin “despilfarro”!, deien molts espanyols, i també un bon grapat de valencians. Ara, Madrid i Barcelona perden el cul per fer-se amb eixos “fastos”).

Ni política partidària capaç de generar consensos en matèries bàsiques, ni vertebració de la societat civil valenciana.

Ni som, ni estem (ni pintem res a l’ambit estatal, ni l’Estat ens fa cas).

Ni ací s’acaba la Història, ni els valencians renunciarem a la nostra dignitat i al nostre benestar (NI PENSAR-HO!).

“A punt”. Una Diada més amb “V” de “València”

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“A punt” és el lema de la Diada d’enguany. “A punt”, de què? Tal vegada, els ingredients estan “a punt” per a preparar la gran  paella separatista? Si és així, segur que quan tiren l’arròs es formarà la “V” dibuixada per milers i milers de catalans que reivindicaren el seu dret a decidir, l’11 de setembre de 2014. Una”v” que no és de “votar”, ni de “voluntat”, ni de “victòria” (ni de “vergonya”). Amb ulls de valencià, jo veig en qualsevol Diada una “V” (majúscula) de “València“, .
Perquè, és evident, que  este potent moviment sobiranista català -tot i que ha dividit la societat catalana- ha de tindre unes fortes repercusions en el conjunt de l’Estat espanyol i, especialment, en la Comunitat Valenciana.
D’altra banda, el posicionament polític del poble valencià podria influir positivament en una reestructuració equilibrada de l’Espanya constitucional i autonòmica.
Heus ací alguns arguments:
a)  D’una o d’altra manera, independent o no,  Catalunya aconseguirà un millorament en la seua posició dins de l’Estat espanyol. Si, per una d’eixes, assolix la independència, deixarà de contribuir al manteniment de les anomenades  autonomies pobres:  Andalucia,  Extremadura… Si, com és més lògic, Catalunya continua dins de les coordenades constitucionals espanyoles, de ben segur, n’obtindrà més recursos de l’Estat, a més d’un finançament millor.
b) Com si fóra el negatiu de la foto anterior,  els valencians tenim tots els números per a eixir perjudicats dels dos escenaris: Amb una Catalunya independent, la Comunitat Valenciana restaria com la  Gran Prostituta de la  Babilònia autonòmica. Tot i tindre un PIB inferior a la mitjana, contribuiríem a les arques estatals d’una manera més intensa a la feta fins ara (vid. l’Informe sobre les Balances Fiscals i el llibre El finançament valencià del flamant Síndic de Comptes,  Vicent Cucarella { http://wp.me/p4n4JW-eb }).
Si Catalunya continua dins d’Espanya, ho farà d’una forma molt més favorable al seus interessos comunitaris. Per això, és molt probable que el seu millorament financer i de recaptació de recursos estatals, vaja a càrrec de les butxaques dels ciutadans valencians, en una proporció major que l’actual.
c) Així mateix, resulta meravellosa, quasi màgica, la facilitat mostrada pel nacionalisme català a l’hora de mantindre discursos ben incoherents sobre el concepte de  Països Catalans, i no morir en l’intent. Ara reivindiquen la seua sobirania, però esta és per a Catalunya només (Barcelona, Tarragona, Lleida i Girona). Això sí, a la Diada de l’any 2013, ficaren un peu i mig a  Vinaròs (una forma com altra de  fer la mà?), i els mapes dels PP.CC. van que volen a la  TV3 i a d’altra documentació institucional. És clar (i català): del poble valencià, només els interessen les figures insignes de la nostra cultura:  Ausiàs March, Joanot Martorell, Vicent Andrés Estellés…, a més del nombre d’habitants i de la superfície del territori que n’habitem, a fi de fer més gran la  seua nació.
Per un altre costat, els hi va molt bé que continuem amb la nostra condició de  valencianets
d) Si la classe política valenciana tinguera una visió històrica i de futur més àmplia, estaria en condicions d’orientar els seus esforços per a col·locar la Comunitat Valenciana com a mitjancera entre les posicions sobiranistes de Catalunya i les centralistes de  Madrid. Perquè València compartix llengua, cultura i història amb Catalunya, al temps que se sent identificada amb la història i la realitat d’Espanya.
Un lideratge ferm dels polítics valencians, pot obrir nous camins de convergència cap a l’assoliment d’una estructura constitucional més equilibrada entre les forces centrípetes i centrífugues dins de l’Estat espanyol.
No obstant, no podem ser massa optimistes en la capacitat de lideratge de la nostra Comunitat, donada la preeminència de la política partidista per damunt dels interessos generals, tant per part dels partits de l’oposició, com dels partits que governen, els quals es manifesten incapaços d’abandonar el dogma per a afrontar la realitat dels problemes que afecten el poble valencià. Només ens pot moure a l’esperança (a l’hora de cohesionar la societat valenciana i fer valdre davant l’Estat els interessos del nostre poble) l’Acord sobre el Finançament i les Inversions, subscrit en octubre de 2015 per TOTS els partits amb representació a les  Corts Valencians, i que va rebre l’adhesió d’Universitat, sindicats i organitzacions empresarials.

Comptat i debatut, no sabem si la paella sobirana estarà “a punt” perquè se la mengen ben a gust els ciutadans de la Catalunya Mitjana. També és possible que -com deia a l’entrada  Se les está pasando el arroz (a #JuntspelSeny de la Tierra Media) { http://wp.me/p5yGMp-3P }- les forces independentistes, distretes amb tant de tira i arronsa jurídicopolític amb l’aparell de l’Estat espanyol, no se’n adonen que l’arròs se’ls està passant i que, al remat, l’àgape pot acabar amb un bon  empastre.
De qualsevol manera,  els valencians haurem d’estar ben alerta no siga cas que, tant amb l’arròs “a punt” com “empastrat”, el mos se’ns torne a parar en la gola.

 

Ratman’s Gallery (I)

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Federico Félix, empresari i president de Pro AVE, Levante-EMV, 19-7-14.
“… la mayoría de los ciudadanos de esta comunidad están encrespados por la falta de atención, en muchas cosas absolutamente y socialmente necesarias, y a las que no se puede llegar, por falta de financiación”.
“En la ‘riuà’ de 1957, aunque yo era un chiquillo, recuerdo que los valencianos ya nos pagamos todos los desperfectos a base de vender sellos, porque no vinieron ayudas”.
“La Comunitat Valenciana no ha tenido el suficiente peso político. No hemos sido autonomistas […] no hemos jugado bien en defensa de nuestra tierra. Y un ejemplo es la desaparición de las cajas valencianas, que es una de las cosas más graves que nos pueden haber pasado en los últimos 50 años […] las decisiones de gran calado económico se toman en Madrid y en Barcelona”.
“… ya no podemos aguantar más. No podemos consentir más agravios comparativos ni tener más maltrato del que estamos teniendo”.
“La sociedad civil tiene que ser capaz de cambiar eso. Y también tenemos que exigirle a los políticos que votamos y a los que gobiernan que, por encima de todo, tienen que defender la tierra valenciana”.

Posiciona-miento

En la vida privada i en la pùblica, és molt important la posició que pren una persona o un col·lectiu dins de  l’àmbit social o polític, allà on es despleguen les activitats dels individus i dels pobles. Moltes vegades, el lloc preeminent es guanya amb colzades i cametes, mentides, mitges mentides, insinuacions, convocatòria de referèndums, i la resta d’habilitats que permet el joc brut.

Així, quan a la Comunitat Valenciana patim una forta retallada en la prestació de servicis públics i hem de vendre bona part del nostre patrimoni públic, el Sr. Monago, el Barón Rojo dels conservadors espanyols, s’ha permet el luxe d’anunciar una davallada d’impostos als ciutadans extremenys. President d’una de les comunitats autònomes líders quant a la recepció del fons solidari, nodrit amb els recursos que provenen de les comunitats aportadores (la valenciana, entre les principals), s’ha quedat més ample que llarg proclamant la bona nova: “això ho pague jo!.

D’altra banda, Mr. Mas, president d’una altra comunitat aportadora de recursos, repta l’Estat espanyol amb la convocatòria d’un referèndum sobiranista. Enlairant les banderes del greuge que representa l’actual règim de finançament autonòmic, la Sentència del Tribunal Constitucional sobre l’Estatut, i encoratjat per l’èxit de la celebració de la Diada  de l’11 de setembre de 2012, ha aconseguit més inversions de l’Estat i s’ha garantit una presència diària, extensa, i intensa, als mitjans de comunicació (Pasión de Catalanes, anomena Carlos Herrera este fenòmen mediàtic).

I, quin és el lloc que ocupem els valencians en l’autèntic Joc de Trons, en la lluita pel poder i el repartiment de recursos públics? És evident que ens trobem al bell mig de dos (im)postures polítiques ben arrelades: la del Barón que, amb una mà, rep la nostra solidaritat i, amb l’altra, ens nega un afluixament de l’objectiu del dèficit, i la del Molt Honorable President que vol abandonar l’equip solidari, i ho fa palés i manifest agafant el camí d’una aventura que, de ben segur, li ha de reportar guanys econòmics i comunitaris (més autonomia, millor finançament…): Rajoy ja ha quedat per a parlar-ne i el PSOE fa temps que aposta per un Estat federal, asimètic, és a dir, un status quo favorable a les expectatives dels catalans.

El poble valencià, per història, cultura, potencial econòmic i posició geogràfica (també per tindre una llengua pròpia i compartida), podria representar un paper capdavanter en la nova etapa que s’obre en el panorama polític espanyol. Entre Madrid i Barcelona, València té la virtualitat per a actuar com a centre mitjancer, moderador.

No obstant, els valencians hem de ser conscientes que, ara per ara, ocupem un dels espais inferiors, dins del galliner espanyol. I en esta posició subordinada, som receptors de bona part de l’entropia que genera el sistema en els àmbits superiors. Esta immundícia que ens cau al damunt, afegida a la autogenerada per nosaltres, ens fa invisibles, quasi inexistents, per a la resta d’Espanya.

Però hi ha qui, mentre assenyala les nostres vergonyes col·lectives, aprofita per a agafar-nos (p)els ous a fi d’arrear-se una bona tortilla española.

(Foto: Levante-EMV, 25-4-14)