Viva el Levante Español Feliz Pobre Pagano

Leo Autobiografía de Juan Goytisolo. Allí se hace mención a la ingente laboral cultural llevada a cabo, en el exilio de París, por Antonio Soriano y José Martínez, uno alrededor de la Librería Española, y el otro como fundador de la editorial Ruedo Ibérico. Tanto Soriano como Martínez son valencianos. Nada indica Goytisolo sobre el particular.
He de reconocer mi susceptibilidad ante el tema de la invisibilidad (parece que inherente) otorgada a los personajes valencianos sobresalientes. “El tenista mallorquín”, “la atleta cántabra”, “el ciclista murciano”, “la escritora gallega”, “el pintor catalán”… son expresiones propias de los medios de comunicación españoles. Os invito a observar que, en un alto porcentaje, cuando esos mismos medios tratan a determinada celebridad como “español” a secas, esa persona suele ser valenciana (de las provincias de Valencia, Alicante o Castellón).
Y si nos adentramos en el proceloso mundillo del deporte, qué decir del ninguneo que padecen los equipos punteros de la Comunidad Valenciana en favor del Real Madrid, del Barça, del Atlético de Madrid, del Sevilla
A esta flagrante invisibilidad que nos otorgan los medios de comunicación y los dirigentes políticos de España, hay que añadir el trato vejatorio que soportamos los valencianos cuando nuestro territorio (antiguo Regne de València, actual Comunitat Valenciana) es bautizado una y mil veces, con premeditación, alevosía y encarnizamiento, como “Levante español”. A título de condescendencia podemos ser denominados “castellonenses”, “alicantinos”, o “valencianos” (refiriéndose a la provincia de Valencia). En muy contadas ocasiones somos valencianos como habitantes de la Comunitat Valenciana. Por ejemplo, si juegan un partido de tenis, o torean mano a mano un alicantino y un castellonense, nunca serán valencianos ambos, a ojos españoles y españolistas.
Está bien que nuestro himno rompa con la estrofa “Per a ofrenar noves glóries a Espanya”, sin embargo, parece que España ha creído que el pueblo valenciano debe ofrendarle todo hasta quedarse vacío de recursos y sin personalidad como pueblo.
Y ante estas afrentas a nuestra identidad, ¿cómo respondemos los valencianos?. Evidentemente, como “alicantinos”, “castellonenses” y “valencianos” del ámbito provincial. Se diría que somos un pueblo de mata morta, que consiente cualquier agravio comunitario, si no fuera porque el pueblo valenciano estima y conserva una lengua y una cultura propias, e instituciones bien antiguas, algunas de las cuales han sido reconocidas por la UNESCO como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad:
El Misteri d’Elx.
El Tribunal de les Aigües de València.
Les Festes de la Mare de Déu d’Algemesí.
Les Falles de València
Mas parece que toda esta riqueza colectiva queda para consumo interno de cada una de las poblaciones, bien orgullosas de mantener sus fiestas y tradiciones. Además, los valencianos tampoco pretendemos alardear de nuestro patrimonio y de nuestros logros como pueblo, al contrario que sucede con catalanes, vascos, gallegos, andaluces…
Los tenemos por más muelles”, proclamaba el Conde-Duque de Olivares refiriéndose a los valencianos de principios de siglo XVII, al objeto de celebrar Cortes fuera del Reino de Valencia (cosa que nunca consintieron catalanes y aragoneses) y sangrar los recursos económicos del Reino de Valencia en favor de la Monarquía española.

Los tenemos por más muelles” han continuado pensando todos los dirigentes políticos españoles (y el pueblo español en general) desde entonces hasta acá, para expoliar nuestros recursos y convertirnos en invisibles.
Y, efectivamente, somos más muelles. Un pueblo con fuerte personalidad no habría consentido durante tanto tiempo la condena al ostracismo, el desprecio y el expolio fiscal a los que nos someten los poderes del Estado, incluido el Cuarto Poder (la prensa). No somos capaces de tomar iniciativas colectivas consensuadas al objeto de defender nuestros intereses como pueblo. A lo máximo que podemos aspirar es a alzar las protestas más airadas, dirigidas al coro de las plañideras de la secta, y a hacernos las víctimas propiciatorias cuando el guion así lo requiere.
Ni, por supuesto, hemos sentido la necesidad de poseer un partido de estricta obediencia valenciana, con poder de decisión en la Comunitat Valenciana y en España. Existió Unión Valenciana (UV) que acabó siendo absorbida por el PP de Eduardo Zaplana, tras el intento abortado de constituir la Convergència Democràtica Valenciana junto al Partit Valencià Nacionalista (PVN) y otros colectivos de ámbito local. Existe Compromís, enésima fuerza política heredera de los postulados nacionalistas de Joan Fuster. Pero, tanto Compromís, como el Bloc Nacionalista Valencià, como la Unitat del Poble Valencià (UPV), siempre han elegido como compañeros del viaje (hacia la izquierda) a las izquierdasunidas, los pablemos y los errejones habidos y por haber, por lo que el mensaje valencianista se diluye dentro de esos berenjenales ideológicos feministas, ecopacifistas y de izquierdas.
Relajémonos… Sí, somos el Levante español feliz y de esta manera vivimos y nos manifestamos. También somos “pobres (nuestra renta per cápita es inferior a la media española) y paganos (pues somos contribuyentes al igual que las autonomías ricas: Madrid, Cataluña, las Islas Baleares…). Es el precio que debemos pagar por nuestra manera de ser.

Somos incapaces de dar respuestas serias, coordinadas y contundentes a tanta ignominia que nos viene de Poniente. Somos así…
Celebrémoslo en un 9 d’Octubre más. Con mucha alegría… y en paz.

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Es la hora del despertar de ‘La Bella Durmiente’ (a la valenciana)

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Graffiti de Tamara, en la Avda. de Burjassot de Valencia

Jo vinc d’un silenci antic i molt llarg” (Raimon)

Reino cristiano en el siglo XIII. Tuvo su Siglo de Oro en el siglo XV.

El  Reino de Valencia perdió sus fueros en 1707 a manos de  Felipe V. También perdió la guerra contra  Franco, pues se mantuvo como territorio republicano después del  Alzamiento  militar. Tal vez, porque allí encontró los últimos focos de resistencia, el  Generalísimo  nunca puso sus pies en Alicante  según señala el periódico ABC.

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Después de todo, Valencia ha sido el único territorio foral de la Corona de Aragón que no ha recuperado su derecho civil foral, al contrario que Cataluña, Baleares y Aragón.

Valencia ha dormido largos siglos, primero despreciada y después oculta, invisible, en el trasiego de una patria que solo se acordaba de ella cuando había que detraer buena parte de los bienes conseguidos con el esfuerzo de sus gentes, al tiempo que le negaba el agua para su tierra seca y la sal de los afectos {vid. Cuéntame El Patito Feo (a la valenciana) http://wp.me/p4n4JW-j1 }.

Aún así, su Himno canta: “Per a ofrenar noves glòries a Espanya…”

Despertó ligeramente con la Transición democrática y la aprobación de su Estatuto de Autonomía, pero siempre mantuvo su posición subordinada a los intereses de un Estado que debía atender a su crecimiento, así como a las exigencias de las Comunidades Autónomas consideradas  pobres. Como consecuencia de la crisis económica de 2008, Valencia emergió de la pesadilla sabiéndose que también era  pobre (su renta per cápita está por debajo de la media nacional) y que además era  pagana  (tenía que aportar recursos al fondo solidario del que también se nutrían Comunidades con una renta per cápita superior a la suya. (Vid. El finançament valencià, de  Vicent Cucarella  { http://wp.me/p4n4JW-eb }, entre otros estudios).

Sobre poseer una población y un PIB que representan ambos más del 10% de los totales españoles, ha continuado invisible, oculta por la burbuja informativa que viene saturada desde  Madrid  y Cataluña  (anteriormente lo fue desde  Euskadi, con su proceso soberanista y el terrorismo de  ETA). Por si fuera poco, ha tenido que cerrar la radiotelevisión pública  (la única que ha desaparecido del mapa autonómico español, sobre poseer lengua propia) que, a pesar de sus deficiencias, ayudaba a cohesionar a la sociedad valenciana y a impulsar su sector audiovisual.

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Sin embargo, por debajo de una conciencia nacional adormecida, Valencia ha vivido el sueño cotidiano de su gente, emprendedora, creativa. De manera que ha elaborado pacientemente un tejido social amplio y resistente:  fogueres, gaiates, moros y cristianosLa Muixerenga d’Algemesí, el  Misteri d’Elx, el  Tribunal de las Aguas  de Valencia, las Fallas como  Patrimonios de la Humanidad, y las  bandas de música  que inundan con su música todas las manifestaciones festivas y solemnes de nuestros pueblos.

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Por todo ello, la Comunidad Valenciana ya ha tocado fondo… El pueblo valenciano comienza a salir lentamente del estado de postración moral y sumisión política; se ha cansado de asumir el papel de chivo expiatorio de los efectos negativos de la crisis económica; de ocupar el nº 1 del  hit parade  de las Comunidades derrochadoras y corruptas, elaborado desde Madrid (¿Valencia más corrupta que Andalucía, Madrid, Cataluña..?) Los/as valencianos/as han caído en la cuenta que con ese tipo de   imputaciones  lo que se ha conseguido es mantener a la Comunidad Valenciana en el papel de  pobre-pagana, que tan bien ha venido a los intereses del Estado, del Gobierno de turno, de los partidos de la oposición y del resto de Comunidades Autónomas…

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(Fuente: eldiario.es)

Con el acuerdo suscrito, en octubre de 2015, por TODOS los partidos con representación en las  Corts Valencianes, y que contó con el apoyo de Universidades, sindicatos y organizaciones empresariales, se abrió una nueva etapa en la vida política valenciana. A partir de aquí, las fuerzas políticas que representan al pueblo valenciano, con el apoyo de organizaciones insignia de la sociedad civil, se han comprometido a exigir del Gobierno de España -cualquiera que sea su signo político- un modelo de financiación justa que garantice a todos los ciudadanos la prestación de los servicios públicos esenciales, en plan de igualdad, y que acabe con la crónica discriminación de la Comunidad Valenciana en materia fiscal y de inversiones públicas (fundamentalmente, las que deberían ser destinadas al  Corredor Mediterráneo).

Ahora, cuando el Estado español sufre una grave crisis institucional, provocada por el nuevo sistema de partidos que convierte en misión casi imposible la formación y el funcionamiento del Gobierno de España, si  las fuerzas políticas que representan al pueblo valenciano  -actuando por encima de sus meros intereses partidistas- son capaces de aprovechar el impulso generado por el mencionado Acuerdo sobre la Financiación y las Inversiones, ha llegado la hora de  reivindicar ante el Estado mayores cotas de equidad y solidaridad para el pueblo valenciano, así como de colaborar en el objetivo global de regenerar y fortalecer el Estado de las Autonomías y del Bienestar Social.

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Graffiti de Tamara, La Nena y David de Limón, por el parque de Marxalenes, Valencia

¿Tienen algo positivo que aportar los diputados valencianos y sus partidos, al objeto de que un regenerado  statu quo  político español produzca mayores niveles de democracia y de bienestar social, al tiempo que todo ello permita conseguir lo que es justo y necesario para el pueblo valenciano?