Per a ofrenar noves glòries a… Europa

(últim article publicat a Levante-EMV en 1998)

Recientemente ha tenido lugar en las páginas de Levante-EMV un debate suscitado por un artículo de Francesc de Paula Burguera, en el que se reclamaba el respeto debido al himno oficial de la Comunidad Valenciana. Del mismo debate se ha podido constatar que van acercándose las posiciones alrededor de las cuestiones simbólicas, pues en la demanda de respeto hacia el himno valenciano también han coincidido opiniones originadas desde el sector denominado blavero -como la del diputado autonómico Rafael Ferraro– sector que, por otra parte, siempre ha reivindicado el mencionado himno.

Sin embargo, no podemos ocultar que el himno oficial de la Comunidad Valenciana todavía no ha conseguido un consenso unánime como símbolo que ha de identificar a todos los valencianos. Además de los diferentes criterios sobre la calidad estética de la música, es la letra del himno la que ha creado los mayores recelos de una buena parte de valencianos cuando han de cantar aquello de “Per a ofrenar noves glòries a Espanya…”

Resulta evidente que la primera estrofa de nuestro himno -y alguna otra que es referida al final- provoca en muchas ocasiones que el símbolo se reduzca a la música, quedando huérfano de letra, pues una buena parte del nacionalismo valenciano y algunos sectores progresistas no tienen asumido que, justo en el momento de reafirmar colectivamente nuestros sentimientos patrióticos, sea necesario ofrendar glorias a España. Como yo mismo participo de esa mudez ante la intempestiva ofrenda, intentaré dar argumentos sobre la conveniencia de modificar -aunque sea levemente- la letra del himno valenciano

De antemano no quisiera que mis ideas fueran rechazadas por ser vistas como germen de una ideología antiespañola. La historia y las estadísticas se encargan de constatar reiteradamente que los valencianos se sienten a gusto considerándose como parte integrante de España. Y ello ha sido tanto producto de la obligación (“por justo derecho de conquista” tras la derogación de nuestros fueros por Felipe V en 1707), como de una vocación de españolidad que el pueblo valenciano ha manifestado ya mucho antes de la usurpación del derecho foral y que se ha mantenido hasta nuestros días. Por ello, que nadie vea en este escrito un ataque a la idea de conservación y mejora de la “casa común” española, sino una simple apuesta por hacer de Valencia una comunidad más “habitable” para todos los valencianos.

Porque la predisposición hacia la magnánima ofrenda de glorias a España, alguien puede llegar a confundirla con una política de clara sumisión de los intereses del pueblo valenciano a los diferentes proyectos llevados a cabo desde los gobiernos que tienen su sede en Madrid, los cuales no se han caracterizado, generalmente, por tener en cuenta las necesidades de nuestra Comunidad. Algunos hemos identificado “ofrenar noves glòries a Espanya” con una mayor aportación a las arcas del Estado que no se corresponden recíprocamente con mayores inversiones estatales en Valencia, sino todo lo contrario.

También, ante el objetivo más amplio e ilusionador de construcción de Europa, esa especie de vasallaje a un Estado, que es una pieza más de las que constituyen la Unión Europea, representa un claro ejemplo de nacionalismo de cortas miras. La visión europeista, tan presente en la vida de los valencianos, ha de hacernos elevar nuestro espíritu comunitario, abierto, emprendedor, y siempre ligado a nuestro entorno económico y cultural, es decir, a Europa.

No en vano a figuras intelectuales de la talla de Ausiàs March, Joanot Martorell, Vicent Ferrer y Lluís Vives, la ciudadanía española siempre les quedó estrecha ya que su proyección fue -aún es y será- europea, mundial. Ellos, junto con otros grandes escritores y artistas que ha dado Valencia, han representado nuestra especial ofrenda cultural a Europa, es decir, al mundo occidental. De esta manera, si pensamos en las mejores épocas que nos legaron nuestros antepasados ilustres y depositamos nuestras esperanzas en un futuro más próspero para los valencianos, sí que podremos entonar a una sola voz: “Per a ofrenar noves glòries a Europa…”

Finalmente, y no lejos, sino por encima de nuestras ofrendas solidarias, las tareas fundamentales de los valencianos en los aspectos sociales, económicos, culturales y políticos, deberían de encaminarse a la consecución de la máxima cohesión comunitaria posible, al objeto de poder aumentar nuestro peso específico en España y en Europa.

Contribuyamos, por tanto, con nuestro esfuerzo generoso a conseguir dicha meta; apoyemos al Consell Valencià de Cultura, con su Presidente D. Santiago Grisolía al frente, en su misión de concitar el consenso en materia lingüística; alentemos a nuestros diputados autonómicos para que consigan adaptar el Estatuto de Autonomía de la Comunidad Valenciana a las expectativas del pueblo valenciano…

Valencia, comunidad histórica que reivindica su pasado glorioso, ha de preparar sus estructuras societarias, ideológicas y simbólicas para poder encarar con éxito los retos que se le han de plantear en el III Milenio que ya toca a sus puertas. Comoquiera que la Constitución española reconoce la existencia de “nacionalidades” y “regiones”, el poder valenciano ha de reivindicar explícitamente -tal como ya indica tímidamente nuestro Estatut- la condición de “nacionalidad histórica” para la Comunidad Valenciana. Así se facilitará el “pas a la nació que avança en marxa triomfal” hacia su más plena integración en Europa, que es, y siempre ha sido, su manera de formar parte de la Humanidad entera.

Francesc Ferrandis
Vicepresidente del PVN
Miembro de la Ejecutiva del BNV

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