Desde mi covachuela

(Levante-EMV-15-10-96)

En el Levante-EMV del día 8-9-96, D. Antonio Vergara se pregunta ¿en qué covachuela andaré yo ahora?, tras haber aportado mi “ciencia política y empirocrítica al proyecto” de Convergencia Democrática Valenciana (CDV), calificado por él como El chiste político del año (93) y que, por lo visto, ha conservado tan fresco como el primer día su gracejo aquilatado en “un par de charlas de café”. Después de andar unos días perdido (¿será mi sino?) por los cerros de Javalambre me hallo en plenas condiciones empirocríticas para indicar al tal Sr. Vergara -con la venia de Ferran Belda– la naturaleza de mi actual covachuela.

Pues bien, Sr. AV, no se si llegaré a defraudarle al decirle que mi covachuela actual es la misma en la que residía y trabajaba en el año del chiste. Tiene como simpáticas siglas las de PVN (Partit Valencià Nacionalista, pero también PeVreNegre, PaVaNa…), las cuales fueron inscritas en el Registro de Partidos Políticos en fecha tan gloriosa para la literatura valenciana, como la del 20 de noviembre de 1990 (500 aniversario de la 1ª edición del Tirant lo Blanch). Dichas siglas se hacen acompañar de una grácil palmera, a modo de logotipo, que es como la que viene representando a la Comunidad Valenciana (CO.VA.), pero, eso sí, más erecta.

Mire Vd., Sr. Vergara, las personas que estamos emplazadas en el PVN lo hacemos aún sabiéndolo pequeño y poco cómodo, pero como creíamos -y creemos- en las potencialidades del pueblo valenciano y en la necesidades de unir las dispersas y distantes concavidades instaladas en el intrincado macizo valencianista, nos unimos, primero a ENV y después a UV, PSI, Foro, CCV, FICVA, BP, CDS (y UPV porque no quiso), junto con el -según Vd.- Lenin valenciano, Rafael Blasco, para constituir la gran broma de CDV, que a más de un dirigente político le heló la sonrisa en la cara. Tras la congelación de la sopa de siglas, que tan bien le sentó, formamos coalición electoral con UPV, BP, NdA, GU (y ENV porque no quiso), para constituir UPV-BN y obtener los mejores resultados electorales del nacionalismo en el ámbito municipal, aunque no fueran correspondidos por el electorado autonómico que se creyó el Cuento de la Derecha Feroz.

Si la risa todavía no le impide continuar leyendo estas letras, Sr. Vergara, he de afirmarle -como dice el castizo- que en el PVN somos pocos, pero honraos. No sé si ante tanta corrupción política y tanta “razón de Estado” para ocultar aquélla, eso de la honradez se lleva. Por ello, me permito enumerarle una serie de acciones acometidas por el PVN que han tenido una buena repercusión pública. O sea, quisiera demostrarle que en el PVN somos pocos, honrados, tenemos las ideas bastantes claras y, a veces, también sabemos estar. Como cuando nuestros concejales de Benifaió consiguieron una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de la CO.VA. -sin precedentes en el ámbito jurídico español- que prohibía a los Ayuntamientos redactar sus escritos en la normativa ortográfica de su preferencia, al tiempo que dejaba clara que ésa era una competencia que le pertenecía en exclusiva a la Generalitat Valenciana. También resultó patente que el Sr. Lerma & Cia. no estaba por la labor de ejercer dicha competencia para solucionar el enredo lingüístico valenciano.

Y ahora que EU-EV retoma la iniciativa de apoyar al IIFV como instancia científica que tenga la competencia exclusiva para dictaminar en cuestiones lingüísticas, he de recordarle, Sr. Vergara, que el PVN fue el primer partido político en apostar públicamente en favor del proyecto de las Universidades valencianas para que se reconociera, por ley, la autoridad lingüística del Institut Interuniversitari de Filologia Valenciana (IIFV), en un momento en el que la decisión era polémica dada la inclusión en el Reglamento del IIFV del término “valenciano”, cuando los sectores nacionalistas más radicales no deseaban otra denominación que la de “lengua catalana”. Valentías aparte, la gran diferencia entre las propuestas del PVN y EU-EV reside en que el PVN buscaba la consecución de un amplio consenso para terminar con el conflicto lingüístico, y, en cambio, EU-EV tan sólo persigue dejar bien al descubierto el abismo que separa a los dos valencianismos, al objeto de comer del plato del nacionalismo de izquierdas. Por eso, contra más aislado se encuentre, se lo comerá mejor…

También fue bastante aireada por los medios de comunicación la carta que el PVN envió a S.M. El Rey en noviembre de 1992 para solicitarle que -como gesto simbólico de respeto hacia la personalidad del pueblo valenciano- procediera a la derogación del Decreto de Nueva Planta, por el que se suprimieron los fueros del Reino de Valencia “por justo derecho de conquista”, y que todavía continúa en vigor. Su gracia tendría dicha iniciativa cuando recibió los apoyos explícitos de J.V. Marqués, ENV, JV, ERC y Valéncia Nova, y cuando, cuatro años más tarde, EU-EV nos plagia la idea en vista del éxito.

Sr. Vergara, no quisiera cansarle con más logros del partido al cual pertenezco. Sólamente indicarle que nuestras publicaciones, apariciones en la prensa escrita y actividades, tienen como norte el conseguir que el nacionalismo político valenciano llegue a constituirse en alternativa a la ya endémica política sucursalista que impera en nuestro país, la cual trae como resultado el destierro de los valencianos a la catacumba política que nos tiene asignada el Estado. Como consecuencia de ello hemos de soportar la grave -por reiterada- falta de respeto a nuestra identidad que cometen los medios de comunicación e instancias políticas con sede en Madrid, al conceptuarnos como “levantinos”. De todo este proceso irreverente hemos tenido una plástica escenificación durante la celebración en Valencia del encuentro bilateral España-Italia, con la cortés retirada del Palau de la Generalitat de la senyera que representa a los valencianos.

Nos encontrará en nuestra modesta covachuela -que no es la de Don Pelayo– intentando construir un espacio político para un valencianisme democràtic, de trellat i de consens, lejos de las cavernas ideológicas, de uno u otro extremo, y de los chiringuitos culturales instalados en el conflicto. Un nacionalismo cuya auténtica coherencia resida en la defensa de la identidad y de los intereses del pueblo valenciano y no en el mantenimiento de la falsa dicotomía entre emblemas representativos de los valencianos y denominaciones sinónimas, que a algunos tanto placer les produce, como daño causa al clima de entendimiento que necesita la sociedad valenciana.

Por ahí andamos.

Francesc Ferrandis
(Sec. Organització del PVN)