Compromís, fuerza zombi

 

Una de vampiros

Los hechos exorcizan el victimismo. Los números cantan. Las nubes (negras) no se levantan: el Estado español margina al pueblo valenciano, de forma reiterada, a lo largo de la Historia:

  • Ha mantenido a sus élites políticas fuera de los círculos de poder. La ausencia de ministros valencianos en el Gobierno de Mariano Rajoy es la última demostración.
  • Tras eliminar los Fueros del Regne de València, no ha restituido su Derecho Civil Foral, como sí sucedió con los restantes territorios de la Corona de Aragón, cuestión que tiene consecuencias prácticas en cuanto que los tribunales impiden el desarrollo de un Derecho Civil Valenciano adaptado a nuestra época.
  • El pueblo valenciano quedó excluido del concepto de nacionalidad histórica, dado que el comienzo de la Guerra Civil impidió que se llegara a aprobar su proyecto de Estatuto de Autonomía. De esta manera, los valencianos han pagado doblemente su adscripción al bando republicano, con Valencia como capital de la II República: En primer lugar, sufriendo la represión franquista en el interior y el destierro de sus élites políticas, intelectuales y artísticas. Posteriormente, durante la Transición Española, se penalizó la no aprobación del Estatuto de Autonomía Valenciano, al contrario de lo acaecido con los Estatutos Catalán, Vasco y Gallego, por lo que sus comunidades accedieron a la categoría de nacionalidades históricas.
  • Durante el periodo constitucional, los distintos sistemas de financiación autonómica y los Presupuestos Generales del Estado han venido discriminando, de forma ostensible, a la Comunidad Valenciana. Así, la valenciana es la única comunidad pobre (cuya renta per cápita es inferior a la media estatal) que resulta pagana (ha de contribuir al fondo común desde el que se derivan recursos al resto de comunidades). En el último proyecto de PGE, la CV recibe la menor proporción por habitante de inversiones del Estado: 119 euros. La inversión en infraestructuras es desdeñable, indigna para una de las poblaciones más dinámicas del Estado español.

¿Existe alguna fuerza política capaz de acabar con el maltrato sufrido por la Comunidad Valenciana?:

PP y PSOE , como partidos de ámbito estatal y que han gobernado en España (con sus sucursales autonómicas sumisas), tienen como principal preocupación obtener y mantenerse en el poder, lo que les lleva a pactar -y favorecer- a formaciones nacionalistas (antes, CiU  y PNV; ahora, PNV, Coalición Canaria y Nueva Canarias, a los que hay que añadir las fuerzas del soberanismo catalán, para tratar de abortar el procés).

Los pactos de investidura para la Presidencia del Gobierno de Mariano Rajoy y el procedimiento para la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado para 2017, constituyen sendos momentos en los que el poder estatal, debilitado por la mayoría parlamentaria insuficiente que disfruta el partido del Gobierno, ha de otorgar privilegios a las comunidades autónomas catalana (4.200 millones de euros para inversiones en infraestructuras), vasca (2.400 millones de euros por la actualización del cupo, más inversiones como la destinada para la “Y” del AVE), y canaria, cuyos dos únicos representantes en el Congreso de los Diputados (una, de Coalición Canaria y otro, de Nueva Canarias (el célebre Pedro Quevedo) han conseguido, además de recursos para el archipiélago, un papel preeminente en la vida parlamentaria con la obtención de la presidencia de las dos comisiones de investigación creadas en el Congreso.

¿Será Compromís la fuerza política que acabe con la marginación del pueblo valenciano? Por principios, ha rechazado el posicionamiento conquistado por los partidos nacionalistas antes señalados, de manera que sus cuatro diputados huyen como de la quema del papel protagonista que una formación valenciana pudiera representar, por primera vez, en la escena política española. Por ello, Compromís se niega en redondo a pactar mejoras tan necesarias en materia financiera y de inversiones, así como en constituirse como núcleo irradiador para una posible, y necesaria reforma del sistema constitucional. Antes bien, desea remarcar las diferencias ideológicas abismales con el partido más corrupto de Europa (¿de qué manga se ha sacado ese ranking Podemos?), para refugiarse en las barricadas en lucha contra el Enemigo Público Número 1, desde las que mostrar los cartelitos reivindicativos de un #TracteJust y amenazar con “armar el pollo” (ave no voladora -a diferencia del canario- destinada a ser sacrificada en la Olla de las Ofrendas Valencianas a España, tras un desplume minucioso y un troceado de rigor).

Apocalipsis zombi

Como un ritual mágico, como una premonición, Carles Mulet, senador de Compromís (fuerza zombi, con cuerpo organizativo y electoral vivo, y alma doctrinal muerta por un izquierdismo estéril y  un catalanismo vergonzante), desgarró en sede parlamentaria una fotografía de Susana Díaz, Presidenta de Andalucía y candidata a la Secretaría General del PSOE, al grito de “gusana” y “asco de señora”. Y las imprecaciones han surtido su efecto… y el cadáver (político) de Pedro Sánchez (el candidato a Presidente del Gobierno de Compromís) resucitó

Ya percibimos el eco mudo del “No es No” que retorna en forma de “Sí es Sí”… Ya se recorta a lo lejos la figura de los maestros del paseillo antitaurino… Ya suenan los acordes pachangueros y repetitivos de La yenka: “Izquierda, izquierda… Derecha, derecha”…

Así, pues… Danzad, danzad, malditos

 

 

 

 

 

 

(Fuente de la fotografía: El Periódico Mediterráneo)

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