¡Se armó el belén!… a la valenciana

Figures d'un (re)naixement valencià

Ante las dificultades planteadas por la crisis económica, los políticos españoles y los medios de comunicación nacionales (principalmente, La Sexta) han encontrado un chivo expiatorio: el pueblo valenciano, con sus representantes políticos, su clase empresarial y sus personalidades destacadas, por ejemplo, Juan Roig de Mercadona, cuyos sistemas de gestión son estudiados en diversas Universidades extranjeras, y el arquitecto Santiago Calatrava, ampliamente reconocido a nivel internacional y cuyo último hito profesional lo constituye la construcción de la Estación de la Zona Cero en Nueva York. Todos ellos son presentados ante la opinión pública española como los más malvados y los más corruptos del mundo.

No se va a realizar aquí un acto más de autoflagelación victimista, sino a constatar una realidad que presenta al pueblo valenciano como víctima de una estructura estatal centralista, así como de las actuaciones de los diferentes agentes políticos en la España de las Autonomías. Estos son algunos de los datos fundamentales:

Corrupción

La Comunidad Valenciana es acusada de ser el exponente máximo de la corrupción en España, incluso por delante de la Andalucía de los ERE falsos y del fraude en los cursos de formación; de la Cataluña de los Pujol y de las mordidas del 3% en la contratación pública; del Madrid donde se originaron los casos Gürtel y Púnica; así como de otros territorios donde se han producido actuaciones corruptas por importes superiores a la presunta corrupción valenciana y que, sin embargo, no han tenido la repercusión pública de esta. Tal es la reiteración de este estereotipo que es común referirse a “lo de Valencia” cuando de corrupción se trata en los foros públicos.

Dentro del tejemaneje de la reestructuración bancaria, llevada a cabo con motivo de la crisis financiera, la por entonces presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, quedó bien bescansá cuando se atrevió a culpar de los problemas sufridos por CajaMadrid en la fusión a la situación de la fusionada Bancaja. Luego vinieron los Blesa, los Rato, las tarjetas black

Despilfarro

Mientras en otros lugares se celebran fastos que son aplaudidos por todos los españoles, como los Juegos Olímpicos de Barcelona, las Exposiciones Universales de Sevilla y Zaragoza, y otros de no tanta envergadura, toda España mira con lupa cualquier obra o acontecimiento realizados en tierras valencianas que han tenido repercusión estatal e internacional:

  • La Fórmula 1, que junto con la Copa del América de vela, la Ciudad de las Artes y las Ciencias, dieron una proyección mundial de la ciudad de Valencia y han contribuido a generar un gran incremento del turismo en la capital del Turia.
  • El aeropuerto de Castellón, única provincia de la costa peninsular que no disfrutaba de estas instalaciones aeronáuticas y que, contrariamente a lo que ha sucedido con otros aeropuertos de ciudades españolas, ya está funcionando y presenta buenas cifras de vuelos y pasajeros.

¡Hay que ver la vara que han dado los medios de comunicación y buena parte de la opinión pública con estos pretendidos fastos valencianos!

Por cierto, todos estas obras y acontecimientos deportivos han sido financiados con dinero exclusivo de los valencianos. A continuación se ofrecen las cifras de tales fastos valencianos -extraídas del libro El finançament valencià, Vicent Cucarella-, en comparación con el importe de la infrafinanciación valenciana, estimada en 11.601 millones de euros para el periodo 2002-2013:

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Para contrarrestar esta imagen tan negativa del pueblo valenciano ante los ojos del resto de españoles, aquí se presentan otros datos de auténtico despilfarro de los recursos públicos:

  • Los tres intentos fallidos para que Madrid pudiera albergar los Juegos Olímpicos arrojaron (nunca mejor dicho) un coste de 9.000 millones de euros, según Vozpópuli –gastos de lobbyng aparte-, pagados alegremente por un pueblo español que lloró de sentida pena ante los reiterados chascos de un Madrid que se pretendía olímpico. ¿Cuántos Palaus de les Arts y carreras de Fórmula 1 se hubiesen podido realizar con este dinero tan malgastado? ¿Cuántos canales de televisión y emisoras de radio estaría disfrutando el pueblo valenciano (el único que no posee una radiotelevisión propia, a pesar de conservar una lengua propia)? ¿Cuántos hospitales?..
  • Las indemnizaciones a las concesionarias quebradas de las autopistas radiales de Madrid, se estiman en un total de 5.500 millones de euros. Con este dispendio de infraestructuras centralistas, ¿cuántos kilómetros de AVE se podrían construir en el Corredor Mediterráneo, y para unir de una vez por todas Castellón, Valencia y Alicante mediante el ferrocarril de alta velocidad?

Lo peor de todo es que buena parte del pueblo valenciano ha llegado a interiorizar esta imagen (distorsionada), y ha perdido la poca autoestima que ostentaba como pueblo. Callan (si no aplauden) cuando la Comunidad Valenciana es tratada injustamente por esos medios de comunicación, los representantes de los diferentes partidos políticos, y -cómo no- por el Gobierno de España, con la complicidad del resto de gobiernos autonómicos, muy interesados en el reparto de un pastel financiero que a los valencianos no nos dejan ni oler.

De momento, solo cabe esperar que tengamos la fiesta en paz y… ¡que pasemos una Feliz Navidad!

 

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