Las varias muertes de Rita Barberá

Rita Barberá, salió de la sede del Tribunal Supremo, rodeada de periodistas y cámaras de televisión, después de declarar ante el Magistrado Cándido Conde-Pumpido por un presunto delito de blanqueo de un capital de ¡1.000 euros! Ese día no hubo sentencia, pero antes de comparecer ante la Justicia ya era un cadáver político. Además, se le habían impuesto dos penas: la de Telediario y la accesoria de inhabilitación para el ejercicio de cargo político (como Francisco Camps, expresidente de la Generalitat Valenciana, declarado no culpable en el mediático juicio de los trajes, y Sonia Castedo, exalcaldesa de Alicante, a la que el juez le archivó el “caso Rabasa” al no apreciar delito).

La tercera pena para Rita Barberá fue su muerte físicaCon ella también feneció el derecho de presunción de inocencia, uno de los pilares fundamentales del sistema democrático.

La virulencia con la que ha sido atacada la Sra. Barberá (sin ir más lejos, el sábado anterior a la declaración judicial de Rita Bárbera, una periodista inmisericorde, y de derechas, María Claver, había pontificado en el plató de La Sexta Noche:“esta señora debe purgar sus pecados”) solo puede explicarse porque ha permanecido 24 años al frente de la capital de la Comunidad Valenciana y tercera ciudad de España, llegando a ser presidenta de la Federación Española de Municipios y Provincias, y destacada dirigente del Partido Popular en el ámbito estatal. Por ello, al tiempo que concitaba la simpatía de la mayor parte del pueblo valenciano -y como producto de la impotencia política generada a sus adversarios políticos-, fue objeto del odio visceral de los dirigentes, afiliados y simpatizantes de los partidos opositores, un sentimiento tan negativo que algunos han llegado a confundir con la defensa de sus ideologías, tan vacías…

Una vez abierta la veda mediática contra los casos de corrupción en España que, mayoritariamente, provenían de la época de bonanza económica anterior a la crisis, los partidos valencianos de la oposición, así como los de ámbito estatal y sus aliados mediáticos, se lanzaron a la yugular de los líderes del PP de la Comunidad Valenciana, hasta conseguir descabezar a esta de sus principales referentes políticos. Como ya hemos señalado, las piezas cobradas hasta el momento presente son de caza mayor.

Nos sobran los motivos para tratar de explicar este fenómeno que teledirige la política española:

  1. En general, ante la falta de propuestas políticas y de alternativas ideológicas a la actual crisis del sistema capitalista, los medios de comunicación -con la ayuda inestimable de los partidos políticos de la oposición-, enarbolan la bandera de la lucha contra la corrupción con el objeto declarado de sanear dicho sistema. Así se matan dos pájaros de un tiro: no hace falta elaborar teorías y praxis políticas creativas y renovadoras y, además, se obtiene la atención y el favor de una opinión pública indignada y autocomplaciente, libre de cualquier responsabilidad en materia política o social. Por otra parte, los medios de comunicación aumentan los niveles de audiencia, dado el morbo que supone el escarnio padecido por los dirigentes políticos y, con un poco de empeño, se puede conquistar el poder político desbancando a (presuntos) corruptos.
  2. Dentro del sector político, cabe destacar la actitud del partido Ciudadanos, que en el pacto de investidura con el PP de Mariano Rajoy había obligado a incluir en él la cláusula según la cual el abandono del cargo tenía que producirse nada más se produjera la imputación (investigación) del político afectado. La cobardía y el tacticismo inherente al PP y, más en concreto, al Cuarteto de Jóvenes Vicesecretarios y sus allegados dirigentes valencianos, abrió la vía para que Rita Barberá tuviera que optar entre abandonar el escaño en el Senado o darse de baja en su partido, condenada a la más absoluta soledad. Misión cumplida: Rita Barberá ha abandonado también el Senado, para siempre…
  3. ¿Y qué decir de le persecución política llevada a cabo por Unidos-Podemos y sus confluencias contra Rita Barberá? Para ellos ha encarnado el tótem diabólico de la corrupción española, cuando no había sido condenada por ningún delito. Ni muerta han dejado que descansara en paz, estos tipejos corruptos (así calificaban a la fallecida) de Unidos Podemos, y de las becas black, las subvenciones de los regímenes dictatoriales de Irán y Venezuela, los pelotazos con viviendas de protección pública… y los máximos responsables de corromper con su demagogia barata y sus mentiras el sistema democrático nacido con la Constitución de 1978, eso sí, con la ayuda inestimable de más de una plataforma mediática.
  4. Compromís, por su parte,  ha destacado como Liga Anticorrupción a la valenciana. Así, su lideresa Mónica Oltra ha escalado a las más altas cimas mediáticas, principalmente, en el holding Atresmedia (La Sexta), pues el papel que tenía reservada en los platós de televisión era el de martillo contra la (presunta) corrupción del PPCV. Sin embargo, con el ataque furibundo a los principales dirigentes de los populares valencianos ha contribuido, inconscientemente, a dar rienda suelta y expandir el menosprecio (por no decir odio) de los líderes mediáticos y políticos hacia el pueblo valenciano, de manera que en la mente de buena parte de los españoles y valencianos (tan propensos a caer en el autoodio), Valencia se ha convertido en la tierra por antonomasia de la corrupción, por encima de la Andalucía de los ERE falsos y el fraude de los cursos de formación; el Madrid de las tramas Gürtel y Púnica; y la Cataluña de los Pujol y de las mordidas del 3-5% en la contratación pública. Parece que Compromís -que se declara fuerza nacionalista de izquierdas- confunde la reedición del cordón sanitario construido alrededor del PP, y pergeñado en el Pacte del Tinell catalán, con la defensa firme de los intereses del pueblo valenciano.

De todo lo anterior, solo cabe esperar el ahondamiento en la desvertebración inveterada del pueblo valenciano, por el descabezamiento de su principal partido, y la inexistencia de una fuerza valenciana capaz de negociar/imponer una Agenda Valenciana con un Gobierno español necesitado de sumar apoyos para poder sobrevivir.

Nadie parece desear que la Comunidad Valenciana deje de representar el papel asignado durante siglos: el de Cenicienta de un sistema que necesita alguien que pague la fiesta de todos, y que se retire del baile sola, sin rechistar…

Rita Barberá, descanse en paz.

 

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