Entre el ‘Brexit’ y el ‘Catalout’: VLCenicienta.es

Tanto en la vida privada como en la pública, es muy importante la posición que toma una persona o un colectivo dentro del ámbito social o político, allí donde se desarrollan las actividades de los individuos y de los pueblos. Muchas veces, el lugar preeminente se gana a base de codazos y patadas, mentiras, medias mentiras, insinuaciones y, últimamente, con la convocatoria de referendos.
Esto viene a cuento de los procesos secesionistas que se están produciendo en los ámbitos europeo (Brexit) y español (Catalout). Ambos muestran ciertos paralelismos por lo que respecta a la causas de su puesta en marcha:

  • Se trata de entidades políticas ricas que, curiosamente, representan el 20% del PIB de sus respectivos marcos institucionales.
  • Por ello, ambas aportan financiación a las superestructuras donde se insertan.
  • Como consecuencia de la crisis económica han visto recortados sus recursos, lo que les conduce a poner en cuestión su posición solidaria de contribuyentes netos.
  • Fuerzas políticas populistas y nacionalistas protagonizan el crecimiento  de las tendencias centrífugas.

Estos potentes movimientos soberanistas provocan fuertes repercusiones en el conjunto de la Unión Europea y del Estado español y, especialmente, en la Comunitat Valenciana. He aquí algunos argumentos:

  1. Si Cataluña continúa dentro de España, lo hará de una forma más favorable a sus intereses comunitarios. Por ello, es muy probable que su mejoramiento financiero y de recaudación de recursos comunitarios, corra a cargo de los bolsillos de los ciudadanos españoles y valencianos, en una proporción mayor que la actual. Antes de celebrar el referèndum del BrexitCameron de la Isla ya consiguió una posición más beneficiosa dentro de la UE. Nadie duda de que si -como es lógico- Cataluña permanece en España, su gobierno utilizará el importante número de catalanes favorables al Catalout para negociar recursos desde una posición de fuerza, con el objeto de no alimentar a la bestia secesionista.
  2. Por contra, si mediante el procés virtual, Cataluña lograra alcanzar la independencia, dejaría de contribuir al mantenimiento de las llamadas autonomías pobres: Andalucía, Extremadura

Tanto en un escenario, como en el otro, los valencianos tenemos todos los números para salir perjudicados:

  • Con un Reino Unido extracomunitario, y la devaluación de la libra esterlina, se resentirá el turismo británico en la Comunitat Valenciana, así como la exportación de productos valencianos a UK, además de verse afectados los posibles fondos europeos con destino a nuestro territorio.
  • Con una hipotética Cataluña independiente, la Comunitat Valenciana profundizaría en su papel de Cenicienta de España: A pesar de tener un PIB inferior a la media, contribuiríamos a las arcas estatales de una manera más intensa a la realizada hasta ahora (vid. El Informe sobre las balanzas fiscales, entre otros).

Y, centrándonos en el maremágnum español ¿cuál es el lugar que ocupamos los valencianos en el auténtico Juego de Tronos, en la lucha por el poder y el reparto de recursos públicos?

Es evidente que nos encontramos en medio de dos (im)posturas políticas bien arraigadas: la de los líderes autonómicos que, con una mano, reciben los beneficios de nuestra solidaridad y, con la otra, nos niegan un aflojamiento del objetivo del déficit, y la de las autoridades catalanas impulsoras del procés que quieren abandonar su posición solidaria, y lo hacen patente tomando las de Villadiego, en una aventura que, a buen seguro, les debe reportar ganancias económicas y comunitarias (más autonomía, mejor financiación …): El presidente Mariano Rajoy habló con el Molt Honorable Carles Puigdemont, y comprometió 4.200 millones de euros en inversiones para realizar infraestructuras en Cataluña; el PSOE hace tiempo que apuesta por un Estado federal, asimétrico, es decir, un status quo favorable a las expectativas de los catalanes; por no hablar del reconocimiento del derecho a decidir que Podemos y sus confluencias (Compromís, en lugar preeminente) otorgan al pueblo catalán.

A pesar de todo, el posicionamiento político del pueblo valenciano podría influir positívamente en una reestructuración equilibrada de la España constitucional.
El pueblo valenciano, por historia, cultura, potencial económico y posición geográfica (también por tener una lengua propia y compartida), podría representar un papel líder en la nueva etapa que se abre en el panorama político español. Entre Madrid y Barcelona, Valencia posee la virtualidad para actuar como centro mediador, moderador.
Sin embargo, no podemos ser demasiado optimistas en la capacidad de liderazgo de nuestra Comunidad, dada la preeminencia de la política partidista por encima de los intereses generales.

Por ello, los valencianos tenemos que ser conscientes de que, hoy por hoy, ocupamos uno de los espacios inferiores, dentro del gallinero español. Y en esta posición subordinada, somos receptores de buena parte de la entropía que genera el sistema en los ámbitos superiores. Esta inmundicia que nos cae encima, añadida a la autogenerada por nosotros, nos hace invisibles, casi inexistentes, para el resto de España (y más, después del traumático cierre de RTVV).
Si queremos salir a flote, los valencianos tendremos que educar nuestra mirada para conseguir una visión propia, con la que interpretar la realidad (local y global) que nos rodea.

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